Novelas románticas a la venta

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lunes, 9 de septiembre de 2013

Una lección que muchos deberían aprender


No sé si siempre ha sido así o sólo es de unos años para acá pero la superficialidad y la obsesión por el dinero parecen haberse incrementado enormemente. Es imposible salir a la calle o ver la televisión sin encontrarse con personas que sólo hablan de las trivialidades que el dinero puede comprar. Estas personas no pierden oportunidad de mencionar la ropa de diseñador que tienen, el coche de lujo que manejan o lo último en gadgets que adquirieron.

Quizás sea por la vida de lujos que llevan o el hecho de que nunca se hayan esforzado por lo que tienen pero sus actitudes y conversaciones sólo las muestran como las personas frívolas y vacías que son. Lo más triste de todo es que están tan ensimismadas que ni siquiera se dan cuenta de lo equivocadas que están. El tener más o menos dinero no tiene nada que ver con el valor de las personas.
Es absurdo pero el dinero parece causar más problemas de los que resuelve. Se dice que el dinero cambia a las personas pero no es así, simplemente saca su verdadera personalidad a flote. Por eso hay quienes les dan la espalda a sus amigos y familiares al volverse millonarios y hay quienes comparten su riqueza con sus seres queridos y donan a la beneficencia. La riqueza puede hacer o deshacer a una persona.

No estoy diciendo que debamos despreciar al dinero pero es ridículo que a algo que cualquier persona pueda conseguir se le dé un valor tan elevado. No se trata de si es una moneda o si son miles, hoy en día se cree que una persona vale simplemente por tener dinero, como si eso lo hiciera más bueno, más inteligente o más talentoso. Todos podemos conseguir dinero sin talento alguno, sin suerte, sin habilidad y sin tener que ser buena persona siquiera.
Se supone que recibimos la remuneración apropiada por nuestro trabajo pero muchas personas tienen dinero sin esfuerzo alguno, ya sea porque lo heredaron, se lo robaron o lo encontraron tirado en la calle, no importa quién seas, puedes tener dinero, no se necesita ser alguien especial. Así que no entiendo por qué tanto alboroto por la riqueza de las personas, el dinero no puede comprar el amor, la amistad, la felicidad, la inteligencia, el talento, ni siquiera la salud porque todavía hay enfermedades incurables.

Aun así, la gente se rehúsa a considerar el dinero sólo como lo que es: algo con lo que se puede comprar cosas y le dan un valor mayor al real. Incluso hay quienes fingen tener más dinero del que realmente tienen y se esfuerzan por mostrarse como si pertenecieran a clases sociales elevadas creyendo que esto los convierte en seres humanos superiores. Es difícil saber quién es peor, la persona que mira con desprecio a los que poseen menos o la persona que perpetúa un estereotipo ridículo aspirando a una vida materialista.
Todos conocemos a personas así y aunque no todos los adinerados se la pasan de fiesta en fiesta sin trabajar, la mayoría no serían capaces de aguantar el ritmo de una persona que trabaja ocho o más horas diarias y que debe ajustarse a un presupuesto. La película mexicana Nosotros los nobles, dirigida por Gary Alazraki, parte de esta premisa y nos muestra el crudo despertar de unos jóvenes acostumbrados a una vida de lujo y comodidad que de un día para otro se ven obligados a trabajar para sobrevivir.

La película nos muestra al empresario Germán Noble, interpretado por Gonzalo Vega, que se preocupa al ver que sus tres hijos no están haciendo nada con sus vidas y que sólo se dedican a despilfarrar el dinero. Como siempre han dependido de él no se preocupan por el futuro y no tienen metas ni aspiraciones. No tienen respeto por las personas trabajadoras y se rodean de lambiscones tan vacíos como ellos.
Germán, triste por la situación, hace creer a sus hijos que perdió su fortuna y se los lleva a vivir a la deteriorada casa de su padre abandonada desde hace años. Aunque la trama es bastante predecible, al igual que la manera en que cada hijo va a recibir su lección, es muy entretenido ver cómo lidian con la situación. Karla Souza interpreta a la perfección a la típica socialité que sólo se interesa en ir de compras y salir con sus amigas o con su novio.

Su hermano Pablo supuestamente trabaja con su padre pero lo único que hace es perder el tiempo con ideas absurdas que nunca se concretan y utiliza el dinero de la empresa para financiar sus parrandas. El menor de los hermanos no toma en serio los estudios y fue expulsado de la facultad. Todos son un desastre y las condiciones a las que los somete el padre no tardan en causar situaciones muy divertidas.
En esta película podemos vernos reflejados todos, ya sea por las labores domésticas que quizás de niños nos rehusábamos a hacer o la realidad con la que nos enfrentamos al salir al mundo laboral pero Nosotros los Nobles nos muestra de una manera cómica la verdad sobre la marcada distinción de clases, los privilegios de unos pocos y las carencias de muchos.

Con un tema como este sería fácil caer en algún extremo pero el drama se maneja de una manera tan sincera que es imposible no ver el lado amable de las adversidades que los protagonistas enfrentan. Los personajes no son tan exagerados como para ser una caricatura de la sociedad sino que al verlos podemos asegurar que hemos conocido a personas que se comportan igual a las que vemos en pantalla, son creíbles.
No deben perderse Nosotros los Nobles, la fórmula no es nueva y es muy sencilla pero está muy bien escrita y dirigida. Los actores se lucieron en esta divertida e ingeniosa película que demuestra que el valor de una persona se mide por ella misma, no por sus posesiones.

La imagen utilizada es el póster oficial de la película y es propiedad de la productora.

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