Novelas románticas a la venta

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martes, 2 de abril de 2013

Un vuelo accidentado


El miedo a volar, conocido como aerofobia, es uno de los más comunes y que afecta a millones de personas. Los expertos lo clasifican cómo un temor irracional debido a que  el riesgo de morir en un accidente de avión es mínimo según las estadísticas. Es más probable sufrir un accidente al viajar en carretera que por los aires pero ni los expertos pueden ignorar el hecho de que es mucho más probable sobrevivir a un choque automovilístico que a un avionazo. Además, por más que sepamos sobre aerodinámica no deja de resultar impresionante el que máquinas tan grandes y pesadas sean capaces de elevarse a grandes alturas y en condiciones meteorológicas extremas.
Viajar en avión cuando se sufre de aerofobia es una experiencia estresante, sobre todo si se tiene la mala suerte de encontrarse con una turbulencia severa capaz de poner nerviosos hasta a los viajeros más experimentados. Los sobrecargos son personas muy preparadas que poseen el entrenamiento requerido para manejar casi cualquier eventualidad pero en una situación de peligro hasta ellos tendrían dificultades para no mostrar preocupación en sus rostros, aunque sea un poco.
Así que, cuando voy en avión y la turbulencia me parece un poco más severa de lo normal lo primero que hago es ver las caras de los sobrecargos y si no veo consternación en sus miradas entonces doy por sentado que todo está bajo control. No sé qué tan acertada sea mi teoría pero me ha mantenido tranquila durante vuelos con ruidos extraños, numerosas bolsas de aire e incluso turbulencias tan fuertes que ni siquiera los sobrecargos pueden mantenerse de pie.
No sufro de aerofobia ni me ha tocado viajar con alguien que la padezca. He visto nervios normales por ir en avión y pequeños sustos por movimientos bruscos pero nunca he presenciado que alguien quiera abrir la salida de emergencia en pleno vuelo o que tenga que ser amarrado a su asiento.
He tenido suerte, sobre todo en aquellos vuelos en que voy con mi hermana ya que tiende a sacar su repertorio de los peores accidentes aéreos de la historia en cuanto el avión despega. Siempre me preparo por si ocasiona histeria colectiva en los pasajeros a nuestro alrededor que no pueden evitar escuchar las narraciones de mi hermana con lujo de detalles. Nos ven de la misma manera en que lo hacen los bañistas en la playa que se encuentran a pocos metros de nosotros disfrutando de las olas cuando mi hermana detalla las mejores historias de “La semana del tiburón” de Discovery Channel.
La realidad es que al viajar en avión no nos queda más remedio que confiar completamente en las aerolíneas. En el momento en que ponemos un pie a bordo de un avión comercial estamos dejando nuestras vidas en manos de una empresa y de su personal, cuyo nivel de preparación hará la diferencia entre la vida y la muerte.
El piloto de US Airways, Chesley Sullenberger, es conocido en todo el mundo por el aterrizaje de emergencia que realizó en el río Hudson. Por si eso no fuera suficientemente heroico se aseguró de que los 150 pasajeros y 4 miembros de la tripulación fueran puestos a salvo antes de abandonar la aeronave que se hundía. Una hazaña propia de un hombre con una intachable carrera en la fuerza aérea con títulos universitarios en Psicología Industrial y Administración Pública, colaboraciones con científicos de NASA y más de 20,000 horas de experiencia en vuelos.
Tras el incidente Chesley recibió condecoraciones, fue invitado a numerosos programas, escribió un libro e incluso el partido Republicano le ofreció su apoyo para un puesto político. Todos querían a Sullenberger pero ¿qué hubiera pasado si los antecedentes de este piloto fueran menos que admirables? ¿Si hubiera sido un adicto? ¿Un irresponsable? Quizás las personas no hubieran estado tan dispuestas a catalogarlo como un héroe, tal vez hasta lo habrían considerado responsable del percance.
Esta es la premisa de Flight, la película estelarizada por Denzel Washington que nos cuenta la historia de Whip, un piloto de vuelos comerciales cuyas adicciones al alcohol y a la cocaína alejaron a su esposa e hijo. Tras una noche de excesos, en un vuelo de rutina, se presenta una falla mecánica y Whip se ve obligado a ejecutar una difícil maniobra para aterrizar de emergencia y así, salvar a los pasajeros. La escena del accidente es muy emocionante y está muy bien realizada, no se necesitó de gritos y sangre en exceso para mostrar la gravedad del asunto ni la angustia que los pasajeros estaban experimentando.
Whip es elogiado por su pericia hasta que sus adicciones y comportamiento objetable salen a relucir. Entonces la opinión pública cambia radicalmente e incluso se sugiere que el accidente fue su culpa. Denzel nos regala una brillante actuación logrando que odiemos a Whip por su alcoholismo al tiempo que sentimos lástima al darnos cuenta que es un ser humano cómo cualquier otro que ha tomado malas decisiones.
El trágico accidente no sólo afecta la vida de Whip sino la de una mujer que conoce en el hospital y con la que comienza una extraña relación. La carrera de Whip se encuentra en peligro e incluso puede terminar en la cárcel, la aerolínea puede estar en problemas si se demuestra negligencia en el mantenimiento de su equipo e incluso la integridad de la aeromoza que sostenía una relación casual con Whip es puesta en duda. Flight es un intenso drama que demuestra que mientras más alto te encuentres más dura será la caída.
La imagen utilizada es el póster oficial de la película y es propiedad de la productora.


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