martes, 15 de octubre de 2013

Ingredientes para una buena comedia


Comer es uno de los mayores placeres de la vida y no me refiero simplemente a saciar nuestro apetito o satisfacer un antojo sino a degustar lentamente un delicioso manjar cuyo sabor parece transportarnos a otro mundo. No es una exageración, por lo menos no para mí, un platillo exquisito puede ponerme de buen humor e incluso desestresarme, de la misma manera en que una comida sin sabor o mal preparada puede arruinar mi día.
No estoy obsesionada con la comida pero reconozco que me encanta probar todo tipo de platillos y disfruto enormemente planear salidas a mis restaurantes favoritos. Casi envidio a las personas cuyo trabajo es precisamente comer en todo tipo de restaurantes porque escriben reseñas en alguna revista o certifican la calidad de los centros de consumo. Asumo que deben deleitarse con su trabajo pero quizás al hacerlo por obligación no resulte tan divertido después de todo.

No creo que yo hubiera podido trabajar en algo así, por lo menos no en lo que a otorgar calificaciones respecta porque hasta la fecha no he encontrado alimento que me rehúse a comer, soy de esas personas que comen de todo. No sé si se considere una cualidad pero ese aspecto de mí debo agradecérselo a mi padre. Él siempre decía que “aquel que no se atreve siquiera a probar un platillo para decidir si le gusta o no, no sabe comer”.
Tenía razón, a través de los años me he topado con personas que dicen que cierto alimento no les gusta simplemente por su aspecto, por su procedencia o porque nunca lo habían visto. Estas personas se pierden de una nueva experiencia por temor o inseguridad ¿qué importa si les gusta o no? Lo importante es probarlo y si no es de su agrado no tienen por qué volver a consumirlo. Por lo menos lo habrán intentado y no tendrán que conformarse con lo que otras personas les cuenten.

En mi caso suelo olvidar si algún alimento no me gustó del todo y vuelvo a comerlo si se presenta la oportunidad. Cada cierto tiempo me encuentro en alguna situación en que se ofrece queso azul como botana o complemento y en cada una lo consumo y recuerdo que su sabor no es de mis preferidos. Aun así, si el día de mañana alguien vuelve a ofrecérmelo, volveré a comerlo con la esperanza de que algún día me guste. Quizás sea necedad pero me rehúso a ser el tipo de persona que se queja de la comida.
Me encanta ver en televisión los programas sobre Chefs que compiten entre sí para preparar los platillos más ingeniosos y deliciosos. El grado de concentración que emplean y la complejidad de la preparación de sus platillos me asombran. Sobre todo porque no soy el tipo de persona que puede pasar horas en la cocina, no me atrae la idea de estar todo el día cortando, hirviendo, guisando, gratinando, etc. Me gusta la comida pero me gusta más cuando la prepara alguien más.

De acuerdo a mis habilidades culinarias y mi estilo de vida, cualquier platillo que al prepararse tome más tiempo que lo que dura un corte comercial ya tardó demasiado. Claro que tengo que cocinar de vez en cuando pero prefiero dejar todo listo para simplemente recalentar entre semana. Es aquí donde agradezco ser alguien que come de todo, si no, mi vida sería muy difícil ya que no puedo darme el lujo de desayunar, comer y cenar fuera todos los días. Saboreo igual un sándwich que un plato gourmet.
Se puede preparar comida siguiendo cualquier receta pero hace falta mucho más para ser un chef, no se trata sólo de los conocimientos. Hay personas que nacen con un don, un sazón muy personal que, aunado a su creatividad, los lleva a combinar ingredientes y transformar alimentos comunes en platillos extraordinarios. Un verdadero chef es aquel que tiene una visión y que busca perfeccionar su arte culinario.

La comedia francesa El Chef cuenta la historia de Jacky, un apasionado aspirante a chef que se rehúsa a comprometer su visión. Jacky es incapaz de conservar sus empleos debido a su peculiar visión culinaria y su molesta inflexibilidad. Las circunstancias lo llevan a conocer a Alexander Lagarde, interpretado por el talentoso Jean Reno, un reconocido chef en busca de inspiración para un nuevo menú.
Jacky es un gran admirador de Lagarde y acepta de inmediato una propuesta de trabajo de su parte. La singular personalidad de Jackie en contraparte con la seriedad y profesionalismo de Lagarde crea todo tipo de situaciones divertidas. La trama se complica cuando el dueño del restaurante en el que trabajan tiene intereses para los que le conviene que el nuevo menú de Lagarde sea un fracaso.

Jacky y Lagarde traman todo tipo de planes y contratan ayudantes para crear el menú que les permita conservar sus empleos. La trama es buena y entretenida aunque quizás pudieron haber explotado más a los personajes y hacerlos más cómicos. Hay un par de escenas que pueden hacer llorar de risa a cualquiera pero el resto de la película transcurre tranquilamente.
Las comedias francesas son más sutiles que las norteamericanas pero no por eso son menos divertidas. Manejan un sentido del humor fino e inteligente que algunos pueden perderse un poco en la traducción. Esta película no tuvo ese problema pero he visto mejores como Se renta esposa y Usted es muy guapo. El Chef es una comedia entretenida con personajes carismáticos que pudo ser mucho más pero se quedó en una bonita película ideal para pasar el rato.

Jean Reno es un gran actor y aunque sea por él vale la pena ver esta película aunque hay que reconocer que Michaël Youn está a la altura de Reno al interpretar convincentemente al obstinado y talentoso chef, Jacky. Te chuparás los dedos de gusto después de ver esta deliciosa comedia.
La imagen utilizada es el póster oficial de la película y es propiedad de la productora.

lunes, 7 de octubre de 2013

El futuro a la vuelta de la esquina


Todo parece indicar que mientras más se desarrolla la tecnología más obscura se vuelve la visión de nuestro futuro. En las viejas películas en blanco y negro nos mostraban un futuro donde aparentemente lo peor era la horrible vestimenta plateada y los ridículos peinados altos con todo tipo de decoraciones extrañas. Incluso veíamos a extraterrestres y terrestres conviviendo tranquilamente y los viajes espaciales estaban al alcance de todos.

Los Supersónicos prometían un divertido mundo dónde se manejaban vehículos voladores, hasta los niños utilizaban jetpacks para evitarse la molestia de caminar, incluso las cortas distancias se realizaban sobre bandas transportadoras. Para tener comida sobre la mesa bastaba con apretar unos cuantos botones en una máquina y de manera instantánea la familia podía degustar deliciosos platillos. La fiel e incansable Robotina se encargaba de todas las labores domésticas, un futuro atractivo para cualquiera.
Sí, todo parecía indicar que el futuro sólo traería prosperidad y las complicaciones de la vida cotidiana se reducirían considerablemente. Pero en algún momento esta prometedora visión de un mundo color de rosa cambió drásticamente y el futuro comenzó a mostrarse amenazador. En Cuando el destino nos alcance vimos que en el año 2022 nos veríamos obligados a comer humanos procesados debido a la escasez de alimentos. En Mad Max vimos a la sociedad desmoronándose mientras peligrosos pandilleros se dedicaban a crear caos.

Terminator nos advirtió sobre la excesiva dependencia en la tecnología y el control total que las máquinas tendrán eventualmente sobre la raza humana. Incluso Wall-E de Pixar pinta un deprimente futuro para el planeta tierra y los gordos humanos que desperdician sus vidas al tener todas sus necesidades atendidas sin mover un solo dedo.
Esta tendencia pesimista no se debe a que lo deprimente sea más lucrativo en el cine sino a que todo parece indicar que realmente nos espera un futuro con más calamidades que comodidades. La población mundial crece rápidamente y todos los avances en la medicina permiten que las personas vivamos más años creando un desequilibrio dañino para el planeta. El consumismo desmedido, el abuso de los recursos naturales, el que las empresas antepongan sus intereses económicos al bienestar de la humanidad, todo esto y mucho más parece indicar que estas películas no son fatalistas sino realistas.

No quiero decir que todo esté perdido pero en un mundo donde los pobres son cada vez más pobres y los ricos son cada vez más ricos es lógico asumir que nuestro futuro sea más parecido al que describen en El vengador del futuro que el de Los Supersónicos. No tenemos que especular mucho, hoy en día podemos observar situaciones que parecen salidas de cualquier película del futuro post-apocalíptico que muestran claramente las tendencias de la existencia humana en un futuro no muy lejano.
Elysium, película de ciencia ficción protagonizada por Matt Damon, nos presenta una visión creíble y bien estructurada de nuestro posible futuro. Este largometraje, escrito y dirigido por Neill Blomkamp, transcurre en el año 2154 y la raza humana se divide sólo en dos clases sociales: ricos y pobres. Los millonarios, como era de esperarse, gozan de todos los privilegios y se dan el lujo de vivir en una estación espacial llamada Elysium.

Este lugar cuenta con todo lo necesario para llevar un hedonista estilo de vida, incluso la mortalidad se ha erradicado en Elysium ya que cada hogar cuenta con su propia Med-Pod, una especie de cabina que puede curar cualquier problema médico alargando la vida humana indefinidamente. Los pobres tienen que conformarse con vivir en un planeta tierra destrozado, sobrepoblado y deprimente.
La clase baja sueña con vivir algún día en Elysium pero saben que sus probabilidades son nulas al no contar con ingresos suficientes, incluso hay quienes roban naves y códigos e intentan ingresar ilegalmente a la lujosa estación pero Jodie Foster, secretaria de defensa, siempre se encarga de que quede claro que jamás serán bien recibidos en Elysium. Hacía mucho que no veíamos a Foster en un papel como este que nos recuerda que es una gran actriz.

Damon interpreta a Max, un trabajador de una fábrica de robots a quien las circunstancias lo llevan a aliarse con un contrabandista que le promete llevarlo a Elysium a cambio de que le ayude a robar información muy valiosa. Damon logra que el espectador se identifique con Max y que lo anime a cada paso que da. La película es emocionante de principio a fin y entre persecuciones, disparos, traiciones e injusticias, lo único que queremos es que Max llegue a Elysium, así de bueno es su personaje.
Como en toda película siempre hay aspectos un tanto predecibles, situaciones trilladas, personajes típicos e incluso uno que otro diálogo pero debo reconocer que Elysium es una gran película, tanto Damon como Foster cautivan con sus brillantes interpretaciones. No se necesita ser fan de la ciencia ficción para disfrutar este filme ya que su director ni siquiera lo considera perteneciente a este género, de ahí que la película se promociona con la frase “El futuro es ahora”.

Las situaciones que vemos en esta película, los personajes, la trama, la mentalidad, no son típicos de la ciencia ficción. Los sucesos en ella son resultado de la progresión lógica de los eventos de hoy en día. Para allá vamos viendo el estado en que se encuentra el mundo hoy en día, la manera en que vivimos y pensamos, el desarrollo de la tecnología y la pérdida progresiva de los valores.
Confío en que estamos a tiempo de recapacitar en muchos aspectos y que podemos salvarnos de un futuro al estilo de Mad Max o Terminator. No aspiro a tener un mundo futurista como el de Los Supersónicos pero me conformaría con algo parecido al de Futurama. Mientras el futuro llega, les recomiendo que no se pierdan Elysium, será un tiempo bien invertido.

La imagen utilizada es el póster oficial de la película y es propiedad de la productora.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Más rápido, más furioso, más entregas


Todos tenemos placeres culposos y entre los muchos que yo tengo se encuentran las películas que entretienen sin mucho esfuerzo, las que cautivan sin necesidad de guiones brillantes, actuaciones magistrales o premios de dirección. No muchos se atreverían a admitirlo pero yo no tengo reparo en decir que soy fan de la saga Rápido y Furioso. La primera la vi por default, tenía ganas de ir al cine y era la única cuyo horario se ajustaba a mis tiempos. No esperaba mucho de una película acerca de un joven policía que se infiltra en el mundo de las carreras ilegales. Asumí que todo sería persecuciones, disparos y peleas para disputarse el puesto de macho alfa.
Paul Walker intentó dejar atrás su imagen de niño bonito interpretando a Brian, el infiltrado que termina enamorándose no sólo de la hermana de Dom, interpretado por Vin Diesel, uno de los delincuentes que investiga, sino del mundo de las carreras de autos. A pesar de que la trama es bastante predecible y los personajes trillados es innegable que esta película tiene cierto encanto. No lo digo sólo por los chicos guapos que manejan autos impresionantes sino que nos muestra una trama amena, sin complicaciones. Sus personajes, aunque estereotipos, son presentados de manera honesta y sin pretensiones.

En Más rápido y más furioso 2 tenemos nuevamente a Brian, a quien inexplicablemente lo contratan nuevamente para una misión encubierta después de que frustró la investigación más importante que le habían asignado y que dejó escapar a un criminal. Incluso le permiten elegir a su compañero y no tienen problema en que sea su amigo de la infancia, quien cabe mencionar que es un criminal. No tiene mucho sentido pero ese es uno de los muchos atractivos de esta saga, no todo debe tener lógica y Tyrese Gibson es una gran contraparte para Walker ya que Diesel no quiso participar en esta secuela.
En Rápido y Furioso 3: Reto Tokio nos dan un respiro de Brian y nos presentan a Shaun, un chico solitario que se ve obligado a dejar su país ante la amenaza de ser encarcelado por su afición a las carreras ilegales. Al más puro estilo de esta saga, convenientemente se va a vivir a Japón, cuna de los autos modificados. Con esta película aprendimos el término “drift” (arrastre), técnica con la que se maneja a gran velocidad sorteando curvas cerradas. Esto dio una nueva dimensión a las carreras de autos, una no muy profunda pero sí entretenida. Un plus es ver a Dom hacia el final de la película.

Rápido y Furioso 4 reúne al elenco original con una trama cargada de testosterona en la que el duelo de egos prevalece. La justificación para que Brian y Dom trabajen juntos nuevamente parece un tanto forzada pero por lo menos regresó Diesel tras darse cuenta que esta saga es un buen negocio. Rápido y Furioso 5 Sin Control bien podría pasar sin pena ni gloria pero la inclusión de Dwayne Johnson fue un gran acierto al crear un personaje que encaja a la perfección con el resto del elenco.
Rápido y Furioso 6 conecta a todas las entregas no sólo por el elenco sino por una escena final post-créditos que revela la conexión con Reto Tokio. Aquí vemos a todo el equipo disperso por todo el mundo disfrutando del éxito de sus fechorías. No debemos olvidar que nuestros héroes se dedican a actividades ilegales y que, de alguna manera, el público los adora por eso. Nuevamente hay una razón bastante debatible para reunirlos a todos pero es más que suficiente para esta secuela.

El agente Hobbs, interpretado por Johnson, necesita ayuda con un caso y solicita la ayuda de Dom. Para convencerlo le revela que Letty, su novia supuestamente fallecida en la cuarta parte, está viva y que sólo ayudándolo podrá encontrarla. La manera en que reviven a este personaje parece sacada de cualquier telenovela en la que la realidad tiene poca relevancia pero es suficiente para que nos la creamos.
Esta película tiene todo lo que atrae de las 5 entregas anteriores: velocidad, testosterona al por mayor, intriga, planes complicados con poco margen de error, traiciones y lealtades. Tyrese Gibson hace un gran papel y Ludacris finalmente demuestra la importancia de su personaje.

Todo el elenco se ha conservado bien y no hay gran diferencia desde que esta saga comenzó hace más de 10 años. La única que ha cambiado es Michelle Rodríguez, quizás se hizo cirugía plástica o al menos espero que así haya sido porque a nadie le cambiaría tanto la cara sin que le metieran un bisturí a menos que sufriera algún desorden. No es que se vea mal pero su rostro antiguo funcionaba para el personaje de la chica ruda que enamoró a Dom.
En 2014 estaremos viendo la séptima entrega de Rápido y Furioso que recicla la trama de “el hermano del criminal fallecido busca a los culpables para vengar su muerte” para justificar nuevamente la reunión del equipo. Debido a que nunca se pueden tener demasiados hombres rudos en estas películas se unen al elenco Jason Statham y Djimon Hounsou y se rumora que también Kurt Russell.

La imagen utilizada es el póster oficial de la película y es propiedad de la productora.

¡Larga vida a la reina!


Sería imposible elegir un solo género musical para que fuera el soundtrack de mi vida. Crecí escuchando diversos tipos de música, no sólo de la generación de mis padres sino la que mis hermanos escuchaban. Siempre tuvimos la libertad de expresar nuestros diferentes gustos e incluso se nos alentaba a encontrar nuestra identidad a través de cualquier expresión artística que se nos ocurriera. Las diferentes personalidades de cada hermano eran obvias, y cada vez más marcadas, según nuestros gustos musicales.
Mientras mi hermano escuchaba música clásica y rock pop, mi hermana se inclinaba más hacia el pop y las baladas. Yo no tardé en descubrir el Hard Rock y Heavy Metal pero nunca dejé de lado los géneros que mis hermanos escuchaban. En ocasiones fui altamente criticada por mis gustos musicales que eran considerados, por personas de mente estrecha, basura. Lo que para algunos eran sólo sonidos sin sentido y estruendo que podía dejar sordo a cualquiera para mí era la expresión del sentir de alguien con quien yo me identificaba.

Fui afortunada al crecer en un ambiente musical ecléctico porque aprendí que la música no se clasifica en vieja o nueva sino en buena o mala. Así como hay composiciones de hace siglos que dejan bastante que desear también hay maravillosas piezas clásicas que jamás dejarán de conmover a nuevas generaciones. De igual manera, hay intérpretes contemporáneos de pop, rock, rap, soul, etc. que son verdaderas artistas que se convertirán en clásicos y otros tantos que, por no encontrar otra manera mejor de decirlo, apestan.
Antes se requería verdadero talento, dedicación e ingenio para llamar la atención del público, después posicionarse y finalmente consolidarse como artistas pero ahora cualquiera puede ser la sensación del momento gracias a Youtube. El mejor ejemplo es Justin Bieber, no soy fan de su música y fuera de su éxito “Baby” no podría mencionar otra de sus canciones. No quiero ser dura con él, quizás realmente tenga talento pero su música no creo que trascienda, es difícil imaginar que dentro de unos años sus canciones sigan vigentes, es más probable que terminen como jingles para cereales o algún otro producto inofensivo.

La culpa no es del pobre Bieber sino de sus manejadores, él es sólo un adolescente que no ha llevado una vida normal ya que todos a su alrededor lo adulan mientras intentan disimular el signo de dólares en sus ojos. Su comportamiento ha pasado de molesto a potencialmente peligroso en poco tiempo pero era de esperarse en un ambiente tan dañino. Millones de jovencitas lo adoran y se vuelven histéricas al verlo porque no conocen algo mejor pero en unos años, cuando maduren y hayan tenido oportunidad de vivir realmente espero tengan el suficiente sentido del humor para reírse de su absurdo comportamiento de juventud.
No las estoy juzgando, admito que yo también idolatraba a muchos artistas y gritaba histérica en sus conciertos pero jamás se me hubiera ocurrido amenazar con mutilarme o suicidarme si algo les pasaba, como es el caso con las “believers”. Yo ni siquiera había nacido cuando fallecieron Jim Morrison, Janis Joplin y Jimmy Hendrix pero comprendo el impacto que sus muertes tuvieron no sólo en sus fans sino en la cultura pop.

Era demasiado niña para comprender el gran vació que dejó Lennon cuando lo asesinaron pero a mi corta edad ya era fan de The Beatles. Me deprimí con el suicidio de Kurt Cobain pero no me sorprendió y cuando leí el encabezado que decía que Jani Lane, vocalista de Warrant, había sido encontrado muerto, demoré unos segundos antes de leer el resto de la nota. Sobra decir que nunca lo conocí y no me entristecí directamente por él sino por lo que representaba: el fin de mi adolescencia. Lane falleció hace un par de años, mi adolescencia quedó atrás hace mucho más que eso pero por más absurdo que parezca, su muerte lo hacía parecer oficial.
El rock ha sufrido cuantiosas y dolorosas pérdidas pero quizás una de las más importantes ha sido Freddie Mercury, vocalista de Queen. Este brillante compositor poseía una de las mejores voces de todos los tiempos. Con su gran personalidad y carisma era capaz de cautivar a cualquiera. Su talento no tenía límites, tuvo un entrenamiento musical clásico y su creatividad sólo aumentaba con el tiempo. Mercury no era producto de la mercadotecnia ni un “one-hit wonder”, Freddie fue el prototipo perfecto del artista que nació para compartir su talento con el mundo.

La música de Queen traspasa fronteras y generaciones, los integrantes de la banda siguen llenando estadios a pesar de que su vocalista fue arrebatado de los escenarios al fallecer de bronconeumonía complicada por el Sida que padecía. Sus canciones son favoritas entre chicos y grandes, son temas de películas e himnos personales. Desde “We are the champions” en los eventos deportivos hasta “Bohemian Rhapsody” cuando la ocasión amerita cantar a todo pulmón, la mayoría hemos entonado esos y muchos otros de sus temas a lo largo de nuestras vidas.
Se han hecho innumerables presentaciones de orquestas filarmónicas interpretando la música de Queen y esta propuesta sólo amplifica la majestuosidad que sus canciones poseen sin necesidad de acompañamientos. La Filarmónica de Acapulco en colaboración con el Quinteto Britania presentó Queen Manía con un ambicioso programa de 16 de algunas de las canciones más conocidas del grupo.

Siento decir que salí un poco decepcionada del evento, algunos de los arreglos fueron perfectos pero otros no lograron mostrar el poderío de las canciones. Me quedé con las ganas de escuchar ciertas canciones pero era imposible no decepcionar a alguien al contar con espacio para sólo 16 piezas. El vocalista del Quinteto Britania parece haber entrado frío o tardó en tomar confianza porque las primeras canciones fueron un desastre en lo que a voces se refiere. La grandiosidad de la interpretación de la filarmónica se perdía entre el estruendo del público que insistía en cantar con todas sus fuerzas como si estuviera en un concierto de rock.
Tras el intermedio el vocalista finalmente dio todo de sí y las canciones se escucharon mucho mejor. El guitarrista se lució en los solos, sobre todo cuando bajó del escenario y nos visitó a los que estábamos sentados en la parte superior del auditorio. Su magistral interpretación aumentó su valor al doble por tener el detalle de tocar su instrumento entre las personas que abarrotábamos el lugar.

Hubo un gran ambiente durante todo el concierto y las fallas de interpretación se compensaron con el talento y la actitud de los músicos. Quedó claro que el personal artístico disfrutó interpretar la música de Queen tanto como el público disfrutó escucharlos.
La imagen utilizada es propiedad de los organizadores del evento.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Una bonita maldición


El antiguo Egipto tiene un encanto muy especial, faraones, pirámides, momias, es difícil no dejarse cautivar por la historia y la cultura de esta gran civilización. Los suntuosos palacios con todos los lujos que los miembros de la realeza pudieran necesitar, los trabajadores que piedra a piedra construían las impresionantes pirámides, los muros cubiertos con jeroglíficos, las hermosas representaciones de sus dioses, la majestuosidad de sus esculturas, el delicado proceso de embalsamamiento y sus creencias en el más allá son sólo una pequeña muestra de lo que fue el antiguo Egipto.
Los descubrimientos arqueológicos nos han revelado mucho sobre sus habitantes, sus costumbres y su turbulenta historia pero debe haber mucho más por descubrir. Es imposible empezar a comprender todo lo que desconocemos sobre Egipto. Se dice que la historia es de quién la escribe y Egipto no es la excepción. Los faraones borraban todo vestigio de la existencia de aquellos hombres que se atrevían a desafiarlos o deshonrarlos. Si no les convenía dejar constancia de algún episodio penoso también lo eliminaban y no me refiero a que quemaban sus papiros o rompían sus tabletas sino a que quitaban con cinceles los nombres de los muros y de las columnas de las edificaciones.

Sus creencias en maldiciones no fueron suficientes para asustar a los saqueadores de tumbas que han dificultado el proceso de identificación de dinastías y familias pero este desorden en los lugares de descanso no es algo nuevo. Incluso en épocas antiguas había quienes vendían las tumbas con sus parientes muertos dentro de ellas. Al siguiente cadáver no le importaba tener un compañero de cuarto siempre y cuando contara con todo lo necesario para su travesía al más allá.
Los egiptólogos dedican toda su vida a develar cuantos misterios puedan sobre esta civilización pero gran parte de su historia quizás permanezca siempre oculta. Los vestigios arqueológicos nos dicen mucho pero también hemos aprendido a llenar los huecos con un poco de imaginación como es el caso de los autores que se han tomado ciertas licencias creativas para sus libros.

He leído varias novelas históricas situadas en el antiguo Egipto y todas abundan en detalles sobre la vida cotidiana y reflejan la mentalidad que deben haber tenido las personas de esas épocas. Es lo mismo que esperaba encontrar en La Maldición de Ra, escrito por Naguib Mahfuz pero no fue así. Creí que por tratarse de un autor egipcio me sentiría transportada a orillas del Nilo y me parecería casi percibir el aroma a dátiles y especias pero estaba equivocada.
Mahfuz escribió esta corta novela casi como si fuera cualquier relato contemporáneo. No detalla el entorno ni las vestimentas ni las costumbres, sus personajes fácilmente pueden pertenecer a cualquier época y lugar, sólo habría que cambiar unos cuantos detalles pero no por eso la historia es mala. La Maldición de Ra se centra en la predicción de un adivino que le advierte a Keops, el gobernante de Egipto, que el siguiente rey acaba de nacer en otra familia que no es la real.

Al parecer en la antigüedad era común que a los dirigentes les hicieran advertencias similares que los impulsaba a salir corriendo a matar a los recién nacidos que amenazaban con terminar sus reinados. Así que Keops partió a desafiar al destino y asegurarle el trono a su hijo. Aquí comienzan una serie de afortunadas y desafortunadas circunstancias que acomodan las vidas de todos de manera que la predicción se haga realidad.
La premisa es muy buena y los engaños, envidias, mentiras e incluso la suerte prometían una trama llena de intriga pero la visión de Mahfuz claramente era otra. Hay varias muertes, pérdidas significativas y sucesos que debieran ser traumáticos pero nada parece alterar en gran medida a los personajes, quizás en esa época estaban acostumbrados a las tragedias o el autor creyó que el drama no tenía cabida en la trama.

A excepción del faraón al principio del libro, los personajes de Mahfuz se conformaban tan fácilmente con las cartas que la vida les entregaba que nada parecía realmente alterarlos. Hubo un momento en el relato que me pareció salido de una comedia de situación de televisión, casi me parecía visualizar a los personajes con sus rostros congelados en una sonrisa mientras salían los créditos.
Conforme avanzaba en la lectura seguía esperando que todo saliera mal, que el caos comenzara pero todo parecía transcurrir tranquilamente. Cuando faltaban pocas páginas para terminar supe que la intención de Mahfuz fue crear un libro sencillo, de fácil lectura y que transmitiera un mensaje muy claro. La Maldición de Ra trata sobre el destino, el honor, la familia y salir adelante con principios, no hay nada de maldito en su relato.

Este libro tiene una inocencia hermosa que no esperé de una historia que comienza con la intención de asesinar a un bebé. Me hubiera gustado encontrar más descripciones sobre la vida en la época de los faraones pero me conformo con las generalidades que el autor nos da sobre las vidas de los trabajadores, las opciones de carreras que existían para los jóvenes egipcios y la inocente manera en que cortejaban a las mujeres. Es un bonito relato pero prefiero historias sobre faraones que azotan a esclavos que después se rebelan contra ellos o algo por el estilo que resulte en una emocionante novela.
La imagen utilizada es propiedad de la Editorial.

Para lunáticos



La saga escrita por Stephenie Meyer, Crepúsculo, es tan amada como odiada y no es para menos. Admito que no soy el mercado meta en lo que a edad se refiere pero tengo el suficiente criterio para desconcertarme ante el impresionante éxito que tuvieron estos libros. Se dice que Meyer creó la fantasía adolescente perfecta, un chico guapo y misterioso que, aunque podría elegir a cualquier chica, se enamora de una adolescente torpe y sin personalidad.

Es obvio que la mayoría de las adolescentes se identifican con el personaje de Bella, no porque la mayoría sean como ella sino porque se sienten como ella. Es una edad difícil en la que el cuerpo cambia y no nos sentimos muy cómodos, comenzamos a experimentar con estilos y atravesamos crisis de identidad. En la escuela hay estereotipos muy marcados, desde los populares a los rechazados y todos están intentando encontrar su propia identidad.
Es por eso que el extremadamente serio, sombrío y, aceptémoslo, acosador Edward, es el sueño de la adolescente promedio. Para las jóvenes menores de 18 años es emocionante imaginar ser el centro de atención de un muchacho misterioso que las sobreprotege y que no necesita llevárselas a la cama para demostrarles lo mucho que las ama. Para las mayorcitas este personaje es una verdadera pesadilla. ¿Quién quisiera tener un novio psicópata que nos observa mientras dormimos? Cualquier mujer que se precie de ser inteligente se alejaría de un hombre que no revela nada de sí mismo y que pretende controlar nuestras idas y venidas.

Solía creer que mi desdén por Crespúsculo se debía a mi edad pero ahora me doy cuenta que no es así. Cuando yo era adolescente tenía mis fantasías y me atraían los chicos malos pero estoy segura que ni por un segundo hubiera sido fan de estos libros. La idea de los vampiros de Meyer no me interesa ni por un segundo, prefiero quedarme con los chupasangres de Anne Rice. Hombres sofisticados y seductores que no pierden el tiempo persiguiendo a jovencitas inmaduras.
Como adolescente tampoco hubiera encontrado atractivo a un vampiro de cientos de años, por más que tenga el cuerpo de un joven, no dejaría de verlo como a un anciano. Cuando se es adolescente cualquier hombre que se acerque a los 30 ya es considerado un vejestorio, por lo menos así era para mí. No tenía interés por los hombres mayores, no los encontraba emocionantes y seguros de sí mismo, me parecían serios y aburridos. Además es bastante enfermiza la idea de que un viejo vampiro seduzca a una adolescente. Bella era menor de edad cuando Edward se metía a su habitación por las noches. Es escalofriante, no romántico.

Seguramente a Stephenie Meyer no le interesan opiniones cómo las mías, estará demasiado ocupada contando sus millones de dólares. Su extraña fórmula funcionó y ahora tiene más dinero del que cualquier persona necesita. Por eso muchos autores se están enfocando ahora en sagas para adolescentes en un intento por emular el éxito de Meyer, desde Los Juegos del Hambre hasta Cazadores de Sombras, Hollywood está desesperado por exprimir hasta el último centavo de los padres de millones de adolescentes.
La saga Guardianes Ocultos de Rachel Hawthorne sigue la misma escuela de Meyer y también nos trae fantasías adolescentes pero esta vez con licántropos. La primera entrega, Luz de Luna, nos presenta a Kayla, una norteamericana promedio, un tanto inadaptada e insegura que trabaja durante el verano como guía en el parque natural. Como era de esperarse, conoce a Lucas, un chico guapo y misterioso que se porta sobreprotector con ella.

Hawthorne crea personajes con un poco más de personalidad que los de Meyer pero aun así están algo flojos. Kayla no es tan torpe ni tan insípida como Bella pero su indecisión es igual de molesta. Lucas tiene mejor sentido del humor que Edward y por lo menos es un adolescente, tan sólo le lleva un par de años a la heroína. Ese me parece un romance completamente aceptable aunque la responsabilidad que se le impone al sumamente serio Lucas no debe ser saludable para el típico adolescente.
La historia tiene una trama interesante aunque pudo haberse explotado mucho más. Los enemigos tardan más en llegar que en irse y nunca se siente verdadera tensión en la historia. Luz de Luna es una lectura fácil, sin complicaciones y que puede entretener al lector en una tarde lluviosa. A pesar de la sencillez de este libro es claro que Hawthorne tiene más conocimiento sobre hombres lobo que Meyer sobre vampiros y sólo por eso es mejor que la saga Crepúsculo.

Hawthorne también sigue los pasos de Meyer para los nombres de sus libros. Así como Meyer no se quebró mucho la cabeza y utilizó como referencias la transición entre día y noche, la luna y el sol, Hawthorne también hace elecciones obvias para los títulos de su saga: Luz de Luna, Luna Llena, Luna Oculta y Sombra de Luna. Al que no le quedó claro que los hombres lobos son influenciados por la luna puede volver a leer los títulos.
No me arrepiento de haber leído este libro pero no creo que salga corriendo a comprar las siguientes entregas, si llegan a caer en mis manos las leeré pero no es algo que me quite el sueño. Quizás si tuviera un par de décadas menos encontraría esta saga más interesante pero prefiero quedarme con mi fantasía de licántropos favorita: Joe Manganiello en True Blood, he ahí un hombre lobo que puede atacarme en el momento que quiera.
La imagen utilizada es propiedad de la Editorial.

Invocando a los fans del cine de terror


Las historias de miedo son el deleite de muchos y la pesadilla de muchos otros pero es innegable que no dejan indiferente a nadie. Hay personas que no creen en fenómenos sobrenaturales o fingen no creer en ellos pero, sea cual sea la postura de cada individuo aún hay sucesos en este mundo para los que la ciencia no tiene explicación.

Los escépticos dirán que el hecho de que haya fenómenos inexplicables no es indicativo de la existencia de un más allá sino que la ciencia aún no ha encontrado la manera de justificar estos sucesos pero algún día lo hará. Por mi parte, me parece más emocionante creer que los ruidos misteriosos no son consecuencia del viento y que las apariciones no son producto de la imaginación.
Aclaro que no por eso creo que todo lo que sucede a mi alrededor sin explicación inmediata se deba a una presencia fantasmal, simplemente tengo suficiente apertura de mente como para creer que hay un mundo del que prácticamente no sabemos nada. Así como pienso que sería egoísta creer que en un universo tan vasto seamos los únicos seres inteligentes también me parece absurdo no cuestionar qué sucede con  nuestras almas cuando fallecemos.

Las religiones tienen explicaciones al respecto o por lo menos intentan dar cierto consuelo a sus seguidores pero la realidad es que no hay métodos científicos que nos permitan demostrar si vamos al cielo, si nos volvemos fantasmas o si simplemente nuestra alma se desvanece mientras nuestros cuerpos se convierten en polvo. Podríamos hablar durante años sobre este tema desde el punto de vista teológico pero tampoco llegaríamos a nada.
La incertidumbre sobre el más allá nos da un sinfín de material que, dependiendo cómo se maneje, puede resultar sumamente entretenido. ¿Quién no ha contado historias de miedo durante un apagón en una tormenta? ¿Quién no ha visto una película de fantasmas que provoca pesadillas por las noches? En los campamentos es toda una tradición reunirse alrededor de la fogata e intercambiar relatos de horror que dificultan enormemente el ir al baño acompañado sólo por una linterna en medio de las sombras provocadas por las ramas de los árboles.

Estoy consciente que no a todos les gusta que los asusten pero yo encuentro divertido el que un tema me ponga los pelos de punta. Libros, películas e incluso videojuegos de miedo son parte fundamental en mi vida y gracias al internet tengo acceso a todo tipo de leyendas e historias escabrosas que aumentan su terrorífico valor al incluir la aclaración “basada en hechos reales”.
El Exorcista, Terror en Amityville, El exorcismo de Emily Rose, Posesión Satánica y muchas más han capitalizado con este aspecto aunque algunas sólo debieran decir “inspiradas en hechos reales” ya que, para hacerlas más comerciales, se modificaron tanto que tienen poco de la historia original. Por eso me emocioné por la película El Conjuro, basada en el caso real de la familia Perron investigado por el matrimonio Warren.

Ed y Lorraine Warren fue un respetado equipo de demonólogos e investigadores de lo paranormal que escribieron varios libros. Entre sus casos más famosos se encuentran el de Amityville y el de la familia Perron. Ed falleció en 2006 pero Lorraine, clarividente profesional y médium, continúa trabajando y aún podemos verla en acción en programas como Estado Paranormal y Contactos con el más allá.
El Conjuro no está basada en la trilogía Casa de obscuridad, Casa de luz, escrita por Andrea Perron sino en los archivos del matrimonio Warren. Esto no quiere decir que la historia no sea fiel a la real sino que se analiza el fenómeno desde otro punto de vista, uno aprobado por la misma familia Perron. Era imposible resumir en una película de dos horas la pesadilla que la familia Perron vivió durante diez años en esa casa así que se tomaron los aspectos más relevantes y se centraron en sólo una parte de lo sucedido.

Esta película generó mucha expectativa y se promocionó como “la película más terrorífica de los últimos tiempos”. Quizás se deba a toda una vida de películas de miedo o a que estaba preparada para ser aterrorizada pero me pareció que las críticas exageraron. Está muy bien hecha y el sentimiento de desesperación e impotencia está presenta durante todo el largometraje pero sólo hubo un par de escenas en las que brinqué en mi asiento.
Vera Farmiga es una excelente actriz que parece haber nacido para este tipo de papeles misteriosos. Patrick Wilson es el actor perfecto para encarnar a Ed Warren y transmitir la seguridad y ética que lo caracterizaba. El matrimonio Warren se dedicaba a ayudar sin importar cuan terrorífico y peligroso fuera el mal que debían enfrentar y Farmiga y Wilson hacen que esto sea creíble. La genial Lili Taylor fue la elección ideal para interpretar a Carolyn Perron ya que se requería a una gran actriz para mostrar el infierno que vivió esa pobre mujer.

El Conjuro es una película muy entretenida y a juzgar por los gritos de las personas en el cine, cumple con lo prometido. La siniestra historia debe haber ocasionado que más de uno durmiera con la luz prendida esa noche. El conjuro fue un éxito en taquilla y las críticas positivas abundaron ya que se logró crear una película de horror sin abusar de efectos especiales y se transmitió el mensaje de manera inteligente sin utilizar trucos baratos y recursos burdos típicos de películas B.
Las comparaciones con El Exorcista y Poltergeist eran inevitables pero nada que reste mérito a esta gran película. En Junio se anunció que ya se está planeando una secuela y aunque no se adelantó de qué trataría seguramente será tan interesante como espeluznante ya que tendremos de vuelta a Vera y a Patrick como el matrimonio Warren en uno de los muchos terroríficos casos que investigaron. Ya sea en Amityville o quizás en el sombrío episodio que casi traumatizó a Lorraine Warren, del cual hacen mención en El Conjuro, la segunda parte intentará asustarnos nuevamente y realmente espero que lo logre.

La imagen utilizada es el póster oficial de la película y es propiedad de la productora.