miércoles, 22 de agosto de 2012

Un romance entre la Edad Media y el Siglo XXI


Pasión, intriga, historia antigua, pasadizos secretos, romance, joyas valiosas, claves, documentos escritos en código y hasta literatura clásica, muchos autores han intentado reunir todos estos elementos de manera congruente e interesante en un solo libro pero pocos lo han logrado. Uno de ellos es Dan Brown, quien con novelas como Código Da Vinci y Ángeles y Demonios ha creado auténticos Best sellers que han cautivado a incontables lectores en el mundo y ha ofendido a otros tantos.
Supongo que es fácil herir susceptibilidades y crear controversia cuando los temas que se eligen cuestionan, desafían e incluso contradicen creencias o pasajes de la historia. Quizás por eso Publishers Weekly no pudo evitar llamar a la novela de Anne Fortier, Juliet, “El Código Da Vinci para mujeres”. 
Sé que ese comentario se hizo como un elogio a la obra pero no puedo menos que encontrar un poco insultante la comparación. Es verdad que ambas novelas nos dan pequeñas dosis de pistas para ir develando poco a poco el misterio y llegar a la verdad, por lo menos la de la autora, sobre un tema que pocos se atreverían, o querrían cambiar. Quizás el aclarar que es “para mujeres” se deba a que el romance está presente en cada página pero no me parece justa ni apropiada la comparación con El Código.
Juliet es una hermosa historia en la que la protagonista descubre que es descendiente de las personas que fueron la inspiración para Romeo y Julieta, de Shakespeare. Lo que creyó sería un simple reclamo de herencia se transforma de pronto en una red de intrigas, maldiciones antiguas, personajes misteriosos, sed de venganza, tesoros escondidos y, no podía faltar, un apuesto hombre cuya actitud sospechosa lleva a la heroína a no confiar en él por completo.
Este libro nos lleva en un emocionante viaje entre la Italia de la Edad Media y la del Siglo XXI mostrándonos una historia muy diferente a la que Shakespeare nos contó. Fortier retrata a una Julieta con la que cualquier mujer podría identificarse, una jovencita víctima de una época machista que enfrentaba su situación con valentía mientras se permitía soñar con un mejor futuro.
También vemos a un Romeo caballeroso, apasionado pero muy impertinente que se enamora perdidamente arriesgando todo por la mujer que ama. La autora detalla las circunstancias que los separaron de manera vívida y no podemos menos que sentir pena por ellos y por su infortunio. Fortier rinde tributo a Shakespeare usando un lenguaje poético pero deja de lado el romanticismo exagerado para mostrar la crudeza de la nobleza italiana y la frialdad con que trataban a las mujeres.
Juliet está basada en hechos históricos y se sitúa en Siena precisamente por ser el lugar en el que la historia transcurría en la primera versión de Romeo y Julieta. Las locaciones y algunas de las personas que se mencionan en el libro realmente existen aunque la autora toma ciertas licencias creativas para deleite del lector. La trama está llena de revelaciones sorprendentes y giros inesperados que crean la ambientación perfecta para la creciente atracción entre los protagonistas que deben lidiar con un impresionante equipaje emocional e histórico si quieren estar juntos.
Los estudiosos de Shakespeare afirma que su intención al escribir Romeo y Julieta fue la de crear una comedia, un tanto oscura, que reflejara la seriedad con la que los jóvenes se apasionaban por personas que casi no conocían. Esta afirmación se refuerza por el sentido del humor que se maneja y el absurdo e irónico final. Infinidad de lectores le han conferido un sentido diferente al considerarla la más pura expresión de amor verdadero y sacrificio. Quizás si Shakespeare viviera no estaría muy contento de ver en lo que se ha convertido su novela pero estoy segura que apreciaría la labor de Fortier al incluir infinidad de comentarios sarcásticos y situaciones que resultan cómicas.
Les advierto que es uno de esos libros que es difícil cerrar una vez que comienzan a leerlo. Cada página se encuentra salpicada de pistas para resolver el enigma con la dosis exacta de romanticismo y es inevitable enamorarse de los hombres, pasados y presentes, que esta emocionante novela describe. Cualquiera de ellos es bienvenido en mi balcón cuando lo desee.
La imagen utilizada es propiedad de la Editorial.

lunes, 20 de agosto de 2012

Aquí vamos de nuevo


Hay películas clásicas cuya magia se ha intentado resucitar en remakes y muchos de ellos han tenido resultados desastrosos, por eso sobran malas imitaciones y pobres intentos de emular éxitos pasados. No todos han sido malos, de vez en cuando hay aciertos que ganan una nueva generación de admiradores a la vez que complacen, o por lo menos no decepcionan, a los fans de siempre.
El Planeta de los Simios, El día que la tierra se detuvo, Frankenstein, Psycho, King Kong, Cara cortada, Willy Wonka y la fábrica de Chocolates, El Profesor chiflado, la lista de remakes es demasiado larga para mencionarla toda y lo peor de todo es que algunas han sido recreadas no una sino varias veces. Hollywood insiste en reciclar una y otra vez las mismas historias como si la creatividad fuera inexistente. No creo que haya escasez de talento o de escritores, asumo que en California sobran aspirantes a guionistas en busca de la oportunidad de presentar su material.
Podría pensar que tal vez tantos refritos se deban a que Hollywood tema alejarse de las fórmulas ya comprobadas, parece lógico en lo que a buenas películas se refieren pero ¿qué hay de las que fueron pésimas desde la primera vez? Quizás el eterno optimismo de los directores, y la arrogancia, los lleve a creer que ellos puedan obrar milagros al ver potencial donde otros sólo vemos basura.
Con tantos remakes en puerta, desde Robocop y Dredd hasta Carrie y Mad Max, no es de extrañar que Total Recall se colara entre ellas. La original de 1990, El vengador del Futuro, estelarizada por Arnold Schwarzenegger tuvo gran éxito, en parte gracias a él y a su enorme popularidad pero también a los efectos especiales que, para la época, eran lo mejor que Hollywood podía ofrecer. La trama fluía repleta de acción acompañada de personajes memorables que contribuyeron a que años después se convirtiera en una película de culto.
La nueva versión de El vengador del futuro, estelarizada por Colin Farrell, no sólo hizo justicia a la original cumpliendo con las expectativas de sus fans sino que cuenta con todos los elementos para cautivar a un nuevo público. Admito que no soy fan de Farrell pero después de ver el excelente trabajo que hizo en Fright Night, el remake de La hora del espanto, decidí no ser tan exigente con él y apostarle a que podría revivir otra película más del siglo pasado.
Este remake cambia ciertos detalles de la original centrándose en un conflicto más bien político-social con el que el público puede identificarse mejor que con el viaje a Marte de Arnold. Kate Beckinsale interpreta el papel que Sharon Stone tuvo en la original y logra apropiárselo de manera fenomenal. Beckinsale es un enemigo implacable que patea el trasero de Farrell haciéndolo ver como un novato.
Esta producción de gran presupuesto nos trae la visión de un futuro creíble, un tanto deprimente al ver la creciente distinción de clases sociales, el planeta tierra destruido por la inconciencia humana pero eso sí, con lo último en tecnología. La película retrata de manera convincente el estilo de vida que podríamos llevar en un futuro no muy lejano.
La actuación de Jessica Biel pasa desapercibida pero la acción constante y el desconcierto que compartimos con el protagonista que no logra recordar su verdadera identidad son la fórmula perfecta para pasar dos horas al borde del asiento. Esta película, en mi opinión, ha sido juzgada duramente pero creo que cumple con su cometido: entretener, aunque con un trasfondo más serio que la original.
Quizás la película con Schwarzenegger sea más violenta, más gráfica y tenga personajes que se hayan convertido en clásicos, como la mujer de tres pechos, pero este remake es una actualización de la historia, una adaptación a los nuevos tiempos que tal vez no estaría siendo tan criticada si se hubiera lanzado como una producción inspirada en la original, con más cambios en la trama y nuevos personajes, dejando atrás las críticas derivadas de las comparaciones.
Por mi parte, quedé satisfecha con este remake y estoy lista para nuevo material en las salas cinematográficas pero, conociendo a Hollywood, no me sorprendería que en pocos años estuviera viendo nuevas versiones de esta misma o de alguna otra película de Schwarzenegger, mientras no sea Kindergarten Cop o Batman y Robin todo estará bien.
La imagen utilizada es el póster oficial de la película y es propiedad de la productora.

miércoles, 15 de agosto de 2012

La locura entre el centeno


Mi maestro de Dibujo Natural en la Universidad solía decir que si una obra provocaba un sentimiento, bueno o malo, entonces era exitosa porque el artista había logrado inspirar algo en otra persona. Recuerdo sus palabras cada vez que contemplo una obra de arte, escucho una canción, veo una película o leo un libro y me doy cuenta que hablaba con la verdad.
Si una creación despierta fuertes sentimientos en mí entonces me doy por bien servida aunque sean negativos. Reconozco el mérito que tiene el ser capaz de tocar las fibras de otro ser humano. El sueño de todo artista es que su obra sea reconocida y perdure a través del tiempo y eso sólo se logra despertando emociones. Desafortunadamente, en muchos casos el artista parece ser más recordado por sus excentricidades que por sus creaciones. En otros tantos una sola obra o personaje eclipsa al resto y el artista es recordado sólo por su creación más notable.
Este pareciera ser el caso de The Catcher in the Rye (El cazador oculto o El guardián entre el centeno) escrito en 1951 por J.D. Salinger, considerado por muchos como uno de los libros más importantes del Siglo XX. Esta obra es lectura obligatoria en el sistema educativo de Norteamérica y ha alcanzado fama mundial aunque no precisamente por su valor literario.
Este libro fue altamente criticado por sus numerosas referencias al alcohol, a las drogas y a la prostitución. La conservadora sociedad de la época lo repudió y calificó a su protagonista, Holden Caulfield, de  instigador que utilizaba lenguaje ofensivo y contaminaba las mentes de los jóvenes lectores. No es de sorprender que con el tiempo se convirtiera en una de los libros más prohibidos.
Parecía suficiente para descalificarlo pero lo peor aún estaba por venir. En 1980, David Chapman asesinó a John Lennon y se sentó a leer El guardián entre el centeno mientras esperaba la llegada de la policía. Dijo que la mayor parte de él era Holden Caulfield y el resto era el diablo. En 1981, John Hinckley Jr., quién intentó asesinar a Ronald Reagan, declaró que estaba obsesionado con el libro de Salinger. En 1989, Robert Bardo, asesinó a la actriz Rebecca Schaeffer y tenía en su posesión una copia de este libro cuando la policía lo arrestó en su domicilio.
Las preferencias literarias de estos perturbados hombres parecían sólo una inocente coincidencia pero pronto comenzaron a surgir numerosos reportes de asesinos que encontraron inspiración en Caulfield. Hay un estudio que dice demostrar que 9 de cada 10 asesinos poseen una copia del libro. Otro que afirma que El guardián entre el centeno está entre los tres libros favoritos de los asesinos en serie. Los conspiranoicos afirman que el FBI recibe una alerta cada vez que se adquiere este libro en Norteamérica.
Son datos interesantes pero no me parecen concluyentes. Me parece comprensible que tantos asesinos se hayan sentido identificados porque el personaje principal es un adolescente rebelde que no encuentra su lugar en el mundo pero eso es todo. No hay nada más entre sus páginas que parezca incitar a la violencia o que glorifique el asesinato. Por el contrario, es una novela que nos recuerda las inseguridades, temores y sueños que teníamos en la adolescencia, todos pasamos por eso.
El guardián entre el centeno ha tenido que sufrir esta inmerecida fama durante años, incluso se ha utilizado su relación con psicópatas en películas y programas de televisión donde el asesino carga consigo una copia del libro. Es una lástima que esta novela sea en ocasiones más conocida por los infames personajes que lo han leído que por su valor literario.
No voy a presumir de no haber sido víctima de la publicidad injusta, confieso que lo leí esperando encontrar en algún capítulo la explicación a la obsesión de los asesinos por este libro y lo único que encontré fue un adolescente cualquiera con impulsos y sentimientos normales. Un joven irresponsable que inspira al lector a sentir compasión y deseos por ayudarlo. Las situaciones que Holden atraviesa son tan reales como las que nosotros vivimos a su edad.
Seguramente esos asesinos poseían también otros libros pero la obra de Salinger tuvo la mala suerte de ser la más mencionada y por lo tanto la que salió peor librada. En fin, se dice que “No hay mala publicidad” así que mientras se siga hablando de esta obra, aunque se relacione con algo negativo, puede atraer nuevos lectores. De preferencia unos cuyas acciones no sigan dándole mala fama a este gran libro.
La imagen utilizada es propiedad de la Editorial.

jueves, 9 de agosto de 2012

Una historia mágica


Caballeros de honor con brillantes armaduras, castillos impresionantes, reyes encabezando batallas, tratados de paz, escuderos sirviendo a sus señores con la esperanza de luchar portando el estandarte de su rey algún día, hermosas doncellas, bufones de la corte, consejeros, magos… ¿magos? Hay muchos leyendas y mitos que se han creado alrededor de la verdad para darle un toque de romanticismo e incluso modificar la historia para fines ocultos.
Uno de los mejores ejemplos de esto es Camelot y la maravillosa historia del Rey Arturo, Ginebra, Lancelot, Merlín y Morgana, entre muchos otros. ¿Quién no ha escuchado la leyenda de Excalibur? A través del tiempo se han escrito novelas, poemas e incluso canciones al respecto. El joven justo y honorable destinado a convertirse en rey y gobernar para traer la paz a sus tierras. La espada que sólo obedecería al hombre destinado a portarla.
Es una gran historia, incluso una de mis favoritas, tanto así que he intentado leer todo cuanto he encontrado sobre el tema e incluso sobre la vida del enigmático Merlín. Fantasía y realidad se mezclan resultando en una poderosa leyenda capaz de inspirar a millones de personas. La magia de Camelot reside en el anhelo, el sueño de vivir en un país unificado con paz y prosperidad. La realidad, como bien demuestra la historia, dista mucho de esta fantasía y no sólo en Gran Bretaña.
Los historiadores proporcionan numerosos datos que confirman la existencia del Rey Arturo y sus esfuerzos por mantener la paz. Su historia se ha modificado tanto que con el tiempo hay quiénes incluso han llegado a pensar que es sólo una invención literaria. Gracias a las licencias creativas algunos de los protagonistas de este periodo se han convertido en héroes y otros tantos en villanos, algunos fueron ignorados por completo y otros inventados buscando incrementar el interés de los lectores.
The Wicked Day, la novela escrita por Mary Stewart en 1983 es el cuarto de una serie de cinco libros que relatan la leyenda del Rey Arturo. La autora realizó una extensa investigación histórica para retratar acertadamente la época y el clima político que se vivió en ese entonces. En esta entrega seguimos la vida de Mordred, el hijo bastardo que tuvo Arturo con su media hermana Morgause, quién con engaños lo llevó a su cama consciente de una macabra profecía.
Merlín había advertido a Arturo sobre una visión en la que le era revelado que su hijo bastardo sería su perdición. Morgause logra mantener en secreto la existencia de su pequeño mientras es criado por una pobre familia de pescadores. Esta hermosa novela nos transporta a través del tiempo y el espacio al describir el entorno de una manera tan detallada que nos parece percibir el olor del mar y de las flores; escuchar los cantos de las aves y las voces de los caballeros e incluso de sentir la fresca brisa sobre nuestros rostros.
A través de sus páginas sentimos la angustia de Mordred, quién al enterarse de la profecía, hace todo lo posible para que no se cumpla. Su gran sentido del honor y lealtad lo ponen a prueba en todo momento. En ciertos poemas y relatos Mordred ha tenido la mala fortuna de ser descrito como un traidor y un enemigo pero esta novela nos describe a un joven que se rehúsa a aceptar su condición de peón en un cruel juego de ajedrez.
Stewart logra mantenerse fiel a la época y describe las batallas, los tratados y las posturas de los territorios en conflicto. Las reacciones de los personajes son las más humanas que he visto manejadas en este tema. Las situaciones son reales y se deja de lado el romanticismo para mostrarnos la crudeza y la extraña diplomacia de la época. La magia de Merlín y de Morgause también está presente en esta historia pero mostrada de una manera más humana, sus poderes son el conocimiento de hierbas y la manipulación de situaciones para lograr sus fines. Algo que en esa época de superstición e ignorancia sería considerado magia.
The Wicked Day es un libro tan interesante y bien escrito que se sostiene solo, no es necesario leer los anteriores para comprender lo que sucede en esta entrega. Vale la pena leer sobre uno de los pasajes menos conocidos de la historia del Rey Arturo y quizás el más estigmatizado debido al incesto y las insinuaciones de parricidio. Después de esta lectura no volverán a ver de la misma manera a la leyenda de Los Caballeros de la Mesa Redonda.
La imagen utilizada es propiedad de la Editorial.


martes, 7 de agosto de 2012

30 Años de puro metal


Tuve una infancia feliz y bastante común, me gustaban las muñecas, los moños, los corazones y los columpios. No fui problemática y aunque hice los clásicos berrinches de cualquier niña saludable, no era muy diferente al resto de las niñas de mi edad. Cuando entré a la adolescencia surgió la típica rebeldía que nos hace cuestionarnos todo lo que hay a nuestro alrededor, sobre todo a las figuras de autoridad. No era una busca pleitos pero reconozco que tuve un pequeño problema de disciplina que ocasionó que, en más de una ocasión, se requiriera la presencia de mi madre en la oficina de la directora.
Ahora me doy cuenta que yo era una rebelde sin causa porque en realidad no tenía nada por qué protestar, nada que hiciera mi vida un suplicio, al menos no más que la de cualquier adolescente que se enoja creyendo que sus padres no lo entienden. Fue en esa época que descubrí un género de música maravilloso, el ritmo furioso, los acordes agresivos y las caras de pocos amigos de los intérpretes me cautivaron de inmediato. Lo primero que pensé fue “ellos están tan enojados como yo, ellos sí me comprenden” y me sentí identificada de inmediato.
Contrario a la creencia popular, el rock pesado o metal no incita a la violencia ni es propio de vándalos y adictos. La mayoría de su audiencia se componía en sus inicios de jóvenes que, después de tanto tiempo de sentir que no encajaban en ningún lugar, encontraban un género que parecía hablarles directamente y hacerles ver que no importaba lo que los demás pensaran de ellos. Eso fue justo lo que me pasó a mí, no sólo los acordes me hacían vibrar sino que las letras me inspiraban a canalizar mi rebeldía de otras maneras, a dirigirla de manera positiva para encontrar mi lugar en este mundo.
Los pioneros del metal abrieron el camino para otros géneros como el hard rock. Desde Ozzy Osbourne y AC/DC hasta Mötley Crüe y Van Halen, todos me ayudaron a sobrevivir esa etapa en la que tantos adolescentes se pierden. Me encantaba usar playeras con las imágenes de mis grupos favoritos y escuchar su música a todo volumen en mi walkman, gracias a ellos me concentré en los estudios y en mantenerme lejos de los problemas, por más extraño que parezca.
Uno de los mejores grupos de este género es, indiscutiblemente, Metallica. Tuve la fortuna de verlos en vivo en 1993 y mis amigos llevan 19 años escuchándome decir que fue el mejor concierto de toda mi vida. Pues bien, no volverán a escucharlo de mí porque, oficialmente, el mejor concierto ahora fue el de Metallica 2012 en el Palacio de los Deportes en México, D.F.
La mega producción con la que conmemoran 30 años de trayectoria provocó la euforia de todos los asistentes. El piso del escenario está cubierto en su totalidad por pantallas que exhiben imágenes alucinantes que acompañan a la perfección a la extraordinaria voz de James Hetfield. Incluso muestran acercamientos de la mano de Kirk Hammett tocando la guitarra, de Robert Trujillo tocando el bajo a una velocidad impresionante y de Lars Ulrich golpeando furiosamente la batería.
El escenario se prende una y otra vez con grandes llamaradas que salen del suelo creando el fondo perfecto para los ataúdes que bajan del techo inclinándose para revelar que también son pantallas. Diversos elementos del set representan los álbumes de Metallica, como las cruces que salen del piso dando la sensación de que el grupo toca en un cementerio o la estatua de la justicia que arman sobre el escenario con ayuda de una grúa durante una canción.
Todos enloquecimos cuando, durante la interpretación de Ride the Lightning, una silla eléctrica de grandes dimensiones descendió del techo acompañada de unas bobinas que la electrificaron. Ver a James tocando su guitarra mientras la electricidad brillaba a sus espaldas fue emocionante. Tocaron gran parte de sus éxitos durante las dos horas y media que duró el concierto aunque faltaron muchas otras que los fans ansiábamos escuchar.
El público entonó cada canción demostrando que se sabía a la perfección todas las letras, algo impresionante en un país cuyo idioma no es el inglés. Todos levantamos el puño al ritmo de Master of Puppets y nos mecimos al compás de Nothing Else Matters. Hacia el final, cuando creímos que lo habíamos visto todo, bajó un sanitario enorme para conmemorar el título original del álbum Kill ‘em all que fue censurado. La mano gigante que salió de él sosteniendo una espada lo dice todo: Metal up your ass.
Nunca había visto a Metallica con una producción de tanto presupuesto aunque sé que lo hubiera disfrutado de igual manera si sólo hubieran estado los cuatro integrantes parados al centro iluminados por un foco interpretando las canciones que han marcado mi vida. Hubo muchas personas que me dijeron que mi gusto por esa música era sólo una etapa, un capricho y que eventualmente la dejaría atrás cuando madurara.
Treinta años después los sigo escuchando, voy a sus conciertos y me pongo playeras con su logotipo aunque ya no estén tan de moda como en otros tiempos. Me gusta escuchar otros tipos de música pero siempre tendrán un lugar muy especial en mi corazón los grupos con los que crecí. Y es por eso que aguardaré pacientemente a que el metal regrese más fuerte y más pesado que nunca.

La imagen utilizada es el póster oficial de Metallica en México 2012, Palacio de los Deportes.

miércoles, 1 de agosto de 2012

50 Veces más irritante


Si aún no has leído 50 Sombras de Grey seguramente habrás escuchado por lo menos que se trata de una novela romántica con tintes sadomasoquistas o al menos eso es lo que su autora, E. L. James, pretendía. James nunca imaginó que su novela se convertiría rápidamente en un éxito de ventas encontrando su mercado en las mujeres casadas mayores de 30 años con hijos. En Norteamérica rápidamente se le ha denominado a su trilogía “Pornografía para madres”.
La primera parte, con la que comienza este romance insufrible entre la torpe e insegura Anastasia Steel y el guapo multimillonario Christian Grey, me hizo sentir incómoda y francamente asqueada con la enfermiza relación entre ambos. No me refiero a las escenas de sexo explícito y juguetes sexuales sino al abuso psicológico al que Ana es sometida. Lo peor es que ella se enamora perdidamente de Grey y toda su vida se ve alterada drásticamente. De pronto sus aspiraciones profesionales no parecen tan importantes, cada hombre en su vida es visto como una amenaza por su inestable novio e incluso su forma de vestir y comportarse debe amoldarse a su nueva relación.
Sin embargo, hacia la mitad del libro comencé a sospechar que yo también era sadomasoquista y no me refiero a sexo con esposas y látigos. Por mucho que me molestaran los personajes y la historia no podía dejar de leer. Me enojaba cada vez que la protagonista pedía perdón aunque no hubiera hecho nada malo y lo peor es que esto es en casi todas las páginas. Me enfurecía la manipulación de Grey y la inseguridad de Ana. De hecho, parecería que lo único que no encuentro objetable del libro son las escenas de sexo y, aun así, seguía leyendo ansiando el final. Creí que lo que quería era terminar mi sufrimiento pero tristemente reconozco que realmente quería saber qué sería de los personajes.
Una de las reglas más importantes al crear personajes es lograr que el público se identifique con ellos para bien o para mal, que el lector se interese por saber qué sucederá con ellos, en pocas palabras que los odien o que los amen pero que sientan algo por ellos. Esto fue exactamente lo que me sucedió con Anastasia y Christian, los considero molestos, dramáticos, exagerados y con tantos traumas que creo que ni siquiera Freud o Jung podrían salvarlos de sí mismos.
A pesar de todo, leí la segunda parte, 50 sombras más oscuras. Por alguna extraña razón creí, o esperé, encontrar más substancia, algo que justificara lo sucedido en el primer libro y que demostrara lo equivocada que estaba al juzgarlo tan duramente pero no fue así. Esta continuación utiliza la misma fórmula de celos, sexo, posesión, peleas y manipulaciones en situaciones que nos recuerdan en todo momento la inmensa fortuna de Christian.
Se agregan un par de personajes nuevos y giros en la trama que parecen irse tan rápido como llegan. La autora nos cuenta un poco más sobre el pasado de Grey intentando buscar nuestra compasión pero a la única que convence es a Anastasia quién ahora vive completamente dedicada a que su novio sea feliz aunque en el proceso ella deba vivir con los nervios destrozados.
En esta segunda entrega hubo otro cambio importante, los “lo siento” y “¿estás enojado?” fueron substituidos en su mayoría por “No me dejes” y “soy tuya”. Incluso Christian dejó ver su lado más sensible y las páginas derramaban tanta miel que por un momento creí que sería atacada por abejas. Incluso las escenas de sexo comenzaban a ponerse tediosas, aplaudo que la autora promueva el sexo seguro pero no podía leer ni una vez más sobre condones saliendo de su empaque.
Todas estas razones me llevan a creer que, efectivamente, tengo algo de sadomasoquista, no sólo por seguir leyendo estos libros que tanto me molestan sino porque insisto en platicar acerca de ellos. Tal vez esa sea la enseñanza que me está dejando esta trilogía, a través del dolor y el sufrimiento podemos descubrir aspectos de nuestra personalidad que no sabíamos existían. Así como Ana descubrió que el dolor podía traerle placer, quizás yo haya aprendido que puedo disfrutar enormemente de un libro que no me enorgullezco de haber leído. Y, como buena sadomasoquista, leeré la última parte y estoy segura que la encontraré igualmente molesta y perturbadora y me va a encantar odiarla.
La imagen utilizada es propiedad de la Editorial.

Una franquicia legendaria


Los superhéroes siempre han creado fascinación en las personas, son inspiradores, traen esperanza, se aseguran de que los malvados reciban su merecido y su lado humano permite que los aficionados a los cómics nos identifiquemos con ellos.
Cada persona tiene un superhéroe favorito, ya sea por sus poderes o por la historia que lo rodea, aunque hay ciertos requisitos que la mayoría de ellos comparten en su vida como una tragedia personal y la existencia de un némesis que siempre derrota pero nunca mata para que pueda regresar una y otra vez a fastidiar.
Todos los superhéroes son fascinantes pero quizás el más realista sea Batman, el caballero de la noche. No estoy diciendo que es parte de la vida diaria ver a hombres disfrazados de murciélago que luchan contra el crimen, al llamarlo realista me refiero a que, en nuestras mentes, cualquiera de nosotros podría convertirse en superhéroe de la noche a la mañana.
Batman es un hombre como cualquier otro, sin contar su inmensa fortuna y formidable físico, que vivió algo traumático que lo dejó marcado para siempre. Tiene sueños y esperanzas para el futuro pero también es presa de temores e inseguridades con las que debe luchar a diario. Un buen día decide que ya está cansado de ser sólo un espectador de las injusticias y se reinventa como un vigilante nocturno que protege a los habitantes de la ciudad que tanto ama: Gótica.
Lo primero que hace es confeccionarse una imagen que inspire temor en los criminales y qué mejor que el animal que tanto miedo le causa desde niño, el murciélago. Su inmensa fortuna le permite acceso a las mentes más brillantes y a la mejor tecnología para así surtirse de todo tipo de accesorios para facilitar su lucha contra el mal. Su experiencia en artes marciales y excelente condición física son el complemento perfecto para el alter ego que patrulla las calles en vehículos asombrosos que ya quisiera cualquiera para sortear el tráfico en horas pico.
Su máscara no es un capricho o un bizarro intento de imponer una moda, como bien dice Bruce Wayne, es para proteger a sus seres queridos de los enemigos que inevitablemente van a surgir. Estas palabras nos refuerzan el hecho de que Batman es solamente un ser humano sin súper poderes otorgados por la mordida de un animal mutante, que no fue víctima de una radiación o depende de algún otro fenómeno que le diera una ventaja sobre sus enemigos. Sus súper poderes son virtudes humanas como la preparación, la inteligencia y la integridad, entre muchas otras.
La trilogía creada por Christopher Nolan ha sido un éxito de taquilla y no es para menos, logró rescatar el personaje que fue destrozado en entregas anteriores, como la protagonizada por George Clooney, y nos trajo un Batman oscuro e implacable interpretado magistralmente por Christian Bale, en mi opinión, el mejor Batman que ha habido. La última entrega de la saga, The Dark Knight Rises, ha sido una de las películas más esperadas y las expectativas fueron más que satisfechas.
Michael Caine, Gary Oldman y Morgan Freeman son parte del excelente reparto de esta trilogía y en esta última parte se les une Anne Hathaway, quién debió esforzarse por demostrar que podía representar el papel de Gatúbela ya que muchos no la consideraban lo suficientemente sexy. Me cuento entre ellos pero debo admitir que hizo muy buen papel.
La película comienza explicando los cabos sueltos que dejaron en la entrega anterior y nos muestra a una Ciudad Gótica con un índice muy bajo de crimen. Aparentemente no hay razón ya para la existencia de un superhéroe que los defienda pero la aparición de un villano no se hace esperar y llega a la ciudad Bane, un hombre cruel y extremadamente peligroso que amenaza a la ciudad entera.
Desde el momento en que Batman aparece la emoción es constante y la violencia y el caos en la trama llegan al punto en que no parece posible salvar a la ciudad de la destrucción. Sin revelar nada de esta gran película sólo puedo decir que no pueden perdérsela, es el cierre perfecto para esta exitosa trilogía que seguramente dará pie a una nueva franquicia.
La imagen utilizada es el póster oficial de la película y es propiedad de la productora.