lunes, 5 de agosto de 2013

Una gran película que pudo ser grandiosa

 
La mayoría de las personas no tenemos problema alguno para mencionar unos cuantos autores reconocidos y ni siquiera es necesario haber leído sus obras para saber el contenido de sus obras más famosas, cortesía de las numerosas referencias a ellos en la cultura popular.
Aun así, hay personas que no pusieron atención a estas referencias o no les interesaron pero, a diferencia de otros tiempos, encuentran el resumen en internet, memorizan un par de comentarios inteligentes y ya están armados para opinar sobre el tema en cuestión. Algunos aprenden sobre literatura y otros sólo aprenden a fingir que son más cultos de lo que en realidad son.
En América Latina reaccionamos casi en automático cuando se nos pregunta por autores importantes y mencionamos a García Márquez, Juan Rulfo, Pablo Neruda y Gabriel Mistral, entre otros. La mayoría de los autores latinoamericanos más reconocidos nos fueron presentados por nuestros maestros al ser lecturas obligadas en el plan de estudios. Como adicta a la lectura confesa, reconozco que disfruté muchos de ellos y sufrí otros tantos.
Desde pequeña comprendí que no debe gustarme la obra de un autor sólo porque es famoso o ha ganado un premio Nobel. Apoyo completamente el que se intente inculcar a los niños el hábito de la lectura pero no deberían forzarlos a creer que deben gustarles ciertos libros sólo por ser de un autor de renombre. Recuerdo que muchas de las obras que leí me parecieron tediosas, algunas incluso rayaban en el absurdo y otras estaban tan plagadas de misoginia que hasta una niña sin malicia comprendía que algo no estaba del todo bien.
Estas lecturas y autores con los que crecimos nos persiguen hasta la fecha, cada vez que alguien pregunta ¿quién es tu autor favorito? o ¿qué libro te ha marcado? Inevitablemente nunca falta quien mencione el material de lectura que se vio obligado a absorber de pequeño y difícilmente creo que, como adulto, continúe leyendo estos libros una y otra vez sin conocer nuevos autores. Simplemente hay personas que siguen mencionando ciertos autores sobrevaluados o mencionados hasta el hartazgo porque quieren dar la impresión de que son cultos cuando lo único que sus comentarios revelan es que siguen sin forjarse una opinión propia en lo que a literatura se refiere.
No quiero decir con esto que los autores de renombre apestan, en gustos se rompen géneros y lo que algunos consideran brillante otros lo tachan de patético. Una novela no debe cumplir sólo con las cuestiones técnicas, su valor reside también en el contenido, el estilo y la habilidad de atrapar a los lectores. Los premios y reconocimientos son lo de menos, lo que realmente importa es el alcance que tienen los autores para tocar las vidas de las personas.
Para los autores norteamericanos no hay mayor aspiración que escribir algún día “La gran novela americana”, término empleado para describir lo que pudiera ser la mejor novela de todos los tiempos. Sería difícil proclamar a un vencedor ya que los requisitos con los que debe cumplir, aunque claros, se prestan a la subjetividad. Dicha novela debe representar a la perfección el espíritu americano de alguna época en específico con la perspectiva del ciudadano americano promedio. No sólo debe dominar el conocimiento de la época en cuanto a lenguaje, cultura, etc. sino capturar una experiencia norteamericana única.
La novela que se considera la mayor contrincante para obtener el título oficial de “La gran novela americana” es El Gran Gatsby, escrita en 1925 por F. Scott Fiztgerald. Curiosamente, esta novela fue un fracaso en ventas y pronto fue olvidada. No fue hasta la Segunda Guerra Mundial, que las escuelas adoptaron esta novela como lectura obligada en el plan de estudios, que resurgió y se convirtió en un clásico de la literatura americana.
Se han hecho numerosas adaptaciones a cine de esta novela y la más reciente, protagonizada por Leonardo Dicaprio, Tobey Maguire y Carey Mulligan fue un buen intento que se quedó a la mitad del camino. El Gran Gatsby nos muestra el lado obscuro de la alta sociedad de los años veinte. Una época llena de excesos, algarabía y distinción de clases. Dicaprio es Gatsby, un millonario cuyas fiestas son legendarias, que tiene un interés en particular por Daisy Buchanan, prima de Nick Carraway, interpretado por Maguire quien es un escritor fracasado que se muda al lado de la suntuosa mansión de las fiestas.
El ingenuo Nick no tarda en verse involucrado en la turbulenta vida de su prima. El creciente afecto y admiración que siente por su vecino lo lleva a ser el facilitador de un triángulo amoroso cuyo desenlace trágico se ve venir desde que comienza. Las actuaciones son impecables y el vestuario nos remonta a los fabulosos años 20. La escenografía es tan exagerada y deslumbrante que, aunque visualmente emocionante, parece opacar por momentos a los protagonistas.
En general la película está muy bien hecha y los diálogos fluyen y no hay momentos tediosos pero los entornos en ocasiones parecen un tanto caricaturizados. Algo que personalmente considero un error fue la musicalización, resulta extraño que se cuidaran tantos detalles de autenticidad para transportarnos en el tiempo sólo para darnos música de Jay Z en una de tantas fiestas ofrecidas por Gatsby. Es difícil imaginar qué pasaba por la cabeza del director cuando creyó que la música de Florence and the Machine era perfecta para el tono de la película.
The Great Gastby tuvo más aciertos que errores, hubo buena recepción en taquilla y aunque las críticas la aman o la odian hay varios puntos rescatables. Es una película entretenida que quizás debió haberse tratado con más sensibilidad para mostrar la genialidad de la obra que está más cerca de ser proclamada “La gran novela americana”.
La imagen utilizada es el póster oficial de la película y es propiedad de la productora.

Fuerza anti aburrimiento

 
Con todo lo que está pasando en el mundo no es de extrañar que sintamos el deseo hacer algo, de intentar poner fin a las injusticias y ayudar a los desvalidos. Es normal tener ese impulso pero la mayoría de las veces se queda sólo en buenas intenciones ya que pocos tienen el tiempo, el valor, los recursos e incluso las ganas de realmente marcar la diferencia.
Afortunadamente, así como hay personas que por momentos parecen hacernos perder la fe en la humanidad, también hay muchas otras que nos recuerdan que hay bondad en el mundo y que la ayuda con completo desinterés es posible. Estas personas son las que crean fundaciones y donan su tiempo para ayudar. Son las que logran maximizar los recursos para mejorar la calidad de vida de las personas. Hay quienes incluso renuncian a sus bienes o arriesgan sus propias vidas para hacer lo correcto.
Muchas de estas personas son anónimas, benefactores sin nombres ni identidades conocidas por lo menos para los medios. Ya sea que protejan al medio ambiente, rescaten animales, rehabiliten adolescentes, trabajen con niños o intenten acabar con la hambruna y las injusticias, estos héroes entregan todo por la causa en la que creen sin buscar el reconocimiento. Los resultados es lo único que necesitan.
Si de hacer buenas obras se trata no es fundamental buscar un puesto público aunque los políticos quieran hacernos creer que sí. La mayoría de los funcionarios sólo velan por sus propios intereses y los pocos que en verdad tienen buenas intenciones no tardan en encontrarse con que la burocracia estorba más de lo que ayuda. Se pudiera creer también que para pelear contra el crimen es necesario ingresar a la policía para así atrapar a los villanos pero la burocracia juega también un papel importante en esta área. También nos encontramos con la corrupción e incluso los mismos procedimientos de arrestos y recovecos legales contribuyen a que los maleantes escapen a la justicia.
La corrupción y la manipulación del sistema legal son problemas presentes en todas las fuerzas policiacas del mundo. En teoría todo debiera funcionar pero en la práctica hay demasiadas variantes que fastidian todo el proceso. Un claro ejemplo es lo sucedido en EUA en 1940, una época en que los criminales eran casi celebridades y su influencia y alcance en altos círculos los convertía prácticamente en dueños de las ciudades. Eran libres de conducir sus turbios negocios sin temor a represalias porque eran protegidos por la misma policía y uno que otro político.
Pero no todos los miembros de las fuerzas del orden estaban conformes con esta situación ni estaban dispuestos a ser parte de la red de corrupción y crearon una fuerza antigángster para librar a Los Ángeles del mafioso más poderoso de la ciudad. La película Gangster Squad, protagonizada por Josh Brolin, Ryan Gosling y Sean Penn nos cuenta la historia de esta agrupación clandestina. Brolin, como el sargento John O’Mara, es el encargado de seleccionar a los candidatos ideales dentro de la policía, convencerlos de realizar procedimientos fuera de la ley y entrenarlos para acabar sistemáticamente con el negocio de Mickey Cohen, el mafioso interpretado por Penn.
Tal como Hollywood acostumbra no hizo mucho caso a la realidad y adornó los acontecimientos para mostrar un producto más interesante y lleno de acción. A los guionistas quizás les faltó trabajar un poco más en las personalidades de los protagonistas ya que incluso el guapo Gosling pierde un poco de su encanto en pantalla. Tristemente, la química que vimos entre él y Emma Stone en Loco y estúpido Amor no se repitió en este largometraje.
A pesar de contar con un elenco de primera el único actor que realmente se destaca es Sean Penn al crear un mafioso memorable que hace más interesante la rivalidad entre él y O’Mara. Esta película fue criticada por un uso excesivo de violencia pero a mí me pareció que fue la indicada, las escenas de persecución y balaceras cumplieron con las expectativas. Lo que no tenía mucho sentido era el plan de acción de esta fuerza antigángster, parecía que sólo iban de un lado para otro disparando a diestra y siniestra pero fueron escenas emocionantes así que el plan quizás sólo era emocionar al espectador.
Gangster Squad, al igual que Argo, no debiera ser descrita como “basada en hechos reales” sino “inspirada por hechos reales”. No digo esto de manera negativa ya que en ambas películas, lo ideado por los guionistas fue mucho más emocionante que la realidad. La misma nieta del verdadero John O’Mara confirma la creación de la fuerza antigángster pero aclara que su abuelo disparó su pistola una sola vez en su vida, muy diferente al sargento que vimos en la película disparando más balas que Rambo en las cuatro entregas de la sangrienta franquicia.
Mickey Cohen sí existió pero no fue aprehendido por el grupo de O’Mara sino que, al igual que Al Capone, cayó por evasión de impuestos. De hecho, la fuerza antigángster se creó para ahuyentar a Bugsy Siegel de Los Ángeles, no a Cohen pero eso es lo de menos. La intención de esta película es entretener y lo logró, desde balaceras sin sentido, pasando por típicos clubes nocturnos de los cuarentas hasta frases trilladas para conquistar mujeres, esta película tiene todo para pasar un buen rato.
La imagen utilizada es el póster oficial de la película y es propiedad de la productora.
 
 
 
 
 
 

Un viaje inesperadamente lento

 
Si a principios del siglo pasado alguien le hubiera dicho al autor inglés J.R.R. Tolkien que un día sus escritos resultarían en una de las trilogías cinematográficas más impactantes y exitosas de todos los tiempos no lo hubiera creído. Sin más expectativas que crear una historia para sus hijos escribió The Hobbit y por una casualidad dicho manuscrito cayó años después en manos de un empleado de la editorial George Allen & Unwin quien lo convenció de entregarlo para que fuese publicado.
Sorpresivamente el libro logró cautivar a chicos y a grandes y su popularidad fue tal que le pidieron escribir una secuela. Fue así que Tolkien comenzó a escribir la novela épica El señor de los anillos. No fue una tarea fácil y requirió más de diez años en completarla, durante ese tiempo contó con el apoyo de su buen amigo, el también autor, C.S. Lewis, conocido por Las Crónicas de Narnia.
Tolkien concibió El señor de los anillos como una novela para niños pero conforme escribía la historia ésta cobró vida propia y se volvió más obscura y seria. Pronto quedó claro que esa novela sería más apropiada para adultos por la intensidad y complejidad de su contenido. En 1954 se publicó en tres volúmenes que pronto crecieron en popularidad y en los sesentas esta trilogía ya estaba posicionada como una de las obras de ficción más populares del siglo XX.
El éxito de esta novela se mide no sólo por las ventas sino por varias encuestas en diversos países y medios. En el Reino Unido fue elegida como “La novela más querida”, en Australia fue votada como “Libro favorito”, en Alemania la consideran la obra de literatura favorita y los clientes de Amazon.com la eligieron como “Libro del milenio”. Su popularidad no es ningún misterio, ya sea por el estilo de escritura, los memorables personajes o la emocionante historia, es fácil enamorarse del mundo fantástico creado por Tolkien.
Al tener un producto con la aceptación comprobada del público el siguiente paso lógico para Hollywood era llevarla al cine. Peter Jackson fue el encargado de dirigir esta trilogía con un presupuesto de 281 millones y ocho años de completa devoción en los que las tres entregas se filmaron de manera simultánea en Nueva Zelanda. Algunos pasajes de la novela se omitieron y otros se inventaron pero siempre respetando la visión de Tolkien. El resultado fue una asombrosa producción que cautivó a fans de todas las edades, logró la admiración de la crítica, numerosas nominaciones y premios y el poder contarse entre las franquicias más exitosas y redituables de todos los tiempos.
Se podría pensar que los productores se contentarían con el éxito obtenido y estarían listos para buscar el próximo proyecto, quizás uno alejado de esta franquicia pero no fue así. Decidieron que aún podían sacar más leche de esa vaca y lo harían filmando The Hobbit, un viaje inesperado. Creyeron que sería fácil emular el éxito de El señor de los anillos y crearían otra trilogía que abarrotara las salas de cine y que inspirara todo tipo de mercancía que los fans salieran corriendo a comprar.
En teoría podía funcionar pero en la práctica no tuvo el resultado esperado. The Hobbit parecía tener una maldición desde un principio, las negociaciones para conseguir los derechos de filmación se alargaron, Jackson entabló una demanda contra New Line por la privación de ganancias derivadas de la venta de mercancía, Guillermo del Toro renunció como director del proyecto debido al retraso en la filmación y la huelga de actores impuesta por la federación internacional entre otros fueron algunos de los problemas que la producción debió enfrentar.
Por si todo esto no fuera suficiente, PETA denunció que 27 animales murieron durante la filmación debido a las pésimas condiciones en que los tenían. Desde ovejas cayendo en hoyos y gallinas destrozadas por perros no supervisados hasta serios accidentes de caballos que no fueron atendidos. PETA instó a Jackson a usar CGIs (Imágenes generadas por computadora) en vez de animales reales pero éste se rehusó.
Jackson tomó la controversial decisión de filmar esta película con la tecnología HFR 3D (High Frame Rate) para ofrecer imágenes más cercanas a la realidad. Esto es que, a diferencia del resto de las películas que contienen 24 frames por segundo, The Hobbit contiene 48 frames por segundo pero para lograr el efecto completo debe ser proyectada también a esa velocidad.
Esta tecnología no tuvo la aceptación esperada debido a que permite mucho más definición e iluminación a la que estamos acostumbrados así que el espectador necesita un tiempo de adaptación. La nitidez también jugó en contra de la película y permitió ver las imperfecciones de maquillaje y escenografía. El formato remitió a muchos el utilizado en las telenovelas.
The Hobbit está plagado de problemas pero los más importantes no son los que mencioné arriba sino que la historia es dolorosamente alargada segundo tras segundo para justificar el que tengamos que ver una segunda y una tercera entrega. Los personajes no tienen el mismo encanto de los de El señor de los anillos y las batallas no tienen el nivel de emoción que se esperaría de este proyecto.
Tampoco le ayuda mucho que los personajes tengan un buen repertorio de canciones que no tienen relevancia en la historia, asumo que sólo los pusieron a cantar para quemar más tiempo. Hay películas en que la acción es constante y si te levantas unos segundos puedes perder una parte crucial de la trama, The Hobbit no es una de esas. Lo único que hacen los personajes es caminar todo el tiempo, hacen una pausa para descansar, quizás cantar, comer, dormir y volver a caminar.
Claro que hay secuencias de persecución y pelea pero éstas también se alargan innecesariamente. Creo que The Hobbit sería una buena película si hubieran terminado de contar la historia en una sola entrega, tal vez dos pero no quiero ni imaginar cómo lograrán justificar que se necesitan tres entregas para ver el final del viaje de Bilbo Baggins.
 
A pesar de todo logró la posición número 15 en la lista de películas que han generado más de mil millones de dólares. Esa cifra es suficiente para justificar las secuelas y aunque The Hobbit no tiene la misma magia de El señor de los anillos, no faltarán fans que, por lealtad a Tolkien o a Jackson, esperen ansiosamente las próximas entregas. Por mi parte, ya vi los cortos de la segunda parte y muestran a los mismos personajes caminando y haciendo pausas para descansar, sé exactamente qué esperar.
La imagen utilizada es el póster oficial de la película y es propiedad de la productora.

viernes, 12 de julio de 2013

Zombies globalizados


Todos los fans del género zombie nos horrorizamos colectivamente cuando supimos que Brad Pitt se proponía protagonizar una película sobre la pandemia de una enfermedad que convierte a los humanos en muertos vivientes. No porque Pitt sea mal actor o que sus películas sean malas sino porque nunca esperamos verlo en este género.

El año pasado vi unos avances de la película y quedé gratamente sorprendida. Los zombies que perseguían a Brad Pitt eran rápidos y agresivos, estos seres reaccionaban con mentalidad de enjambre, moviéndose en masa hacia un mismo objetivo lo que los hacía más letales. Los cortos no mostraron mucho pero lo poco que vi era prometedor.

No pensé más al respecto ya que faltaba mucho para el estreno pero conforme se acercaba la fecha iba saliendo más información y más imágenes y me di cuenta que esta no iba a ser la típica película zombie donde lo importante es escapar y hacerse de comida y armamento en el camino. Guerra Mundial Z era precisamente lo que su nombre indicaba, una guerra global por la sobrevivencia de la raza humana.

Brad Pitt comentó en una de tantas entrevistas que esta película trataba más de política y problemas sociales que de zombies y que ese aspecto precisamente fue el que le atrajo del guión basado en la novela escrita por Max Brooks. También dijo que era muy importante para él hacer una película que sus hijos pudieran ver. Pitt estaba tan comprometido con el proyecto y le tenía tanta fe que incluso decidió ser uno de los productores.

Sus comentarios me desconcertaron un poco, el género zombie no se caracteriza por mostrar posturas políticas y críticas sociales. Tampoco ayudó el que diera a entender que las imágenes serían apropiadas para niños. De inmediato pensé que tal vez la película tendría tintes de documental y que la violencia y la sangre, inevitable en los ataques zombies, fueran a ser censuradas para lograr una clasificación más amigable.

Con un poco de reserva fui a verla con la mente abierta y puedo decir sinceramente que es una gran película. La acción en World War Z comienza inmediatamente, nada de explicaciones ni posicionamiento de personajes, eso viene después. Primero nos muestran la gravedad del problema al que la humanidad se enfrenta y después lanzan a la aventura a los héroes improbables en busca de una cura.

Nuestros héroes, en vez de escapar, deben ir hacia el foco de infección para comprender la terrible enfermedad, descifrarla y erradicarla. Pitt y compañía nos llevan alrededor del mundo en busca del paciente cero y para eso debe hablar con diferentes personas de diversas nacionalidades. Es aquí donde entra en escena la parte política y social que mencionó.

La diferencia de mentalidad y procedimientos alrededor del mundo para hacer frente a esta pandemia es el reflejo directo de las decisiones que se toman hoy en día respecto a los grandes problemas como la guerra, la hambruna y muchos más. La postura de los gobiernos para proteger a sus ciudadanos y los protocolos implementados en emergencias con planes a corto, mediano y largo plazo para la situación zombie pueden ser fácilmente aplicadas a cuestiones de la vida real como la inseguridad o las insurrecciones.

La película tiene suficientes escenas de persecución y de pasillos obscuros con zombies siguiéndoles los talones a los protagonistas para satisfacer a los amantes del género pero también tiene diálogos inteligentes y explicaciones plausibles para el fenómeno que dejarán callados a todos aquellos que alegan que no hay nada coherente en todo lo que a zombies se refiere.

No es la mejor película que he visto pero sí una de las más entretenidas, es altamente recomendable verla con una buena dotación de palomitas. Respecto al comentario de que sería una película que los hijos de Pitt pudieran ver me da gusto saber que son niños que no se asustan fácilmente, quizás se hubiera agradecido un poco más de agresividad en los zombies pero tuvo una buena dosis de sangre y violencia. A pesar de las malas críticas que recibió tuvo éxito en taquilla y ya se confirmó una secuela.

La imagen utilizada es el póster oficial de la película y es propiedad de la productora.

Milagrosamente prohibido


A la mayoría de las mujeres nos gustan las historias de amores imposibles, de complicaciones que separan a amantes condenados a luchar contra todos para estar juntos, de intrigas, conspiraciones y malentendidos que no hacen más que reavivar la pasión entre los protagonistas. Este placer culposo no se debe a que nos guste sufrir y deprimirnos porque dos personas no puedan estar juntas sino a que sabemos que el amor triunfará al final, podemos soportar todos los giros en la trama siempre y cuando sepamos que habrá un final feliz.

Esta simple pero efectiva fórmula ha sido utilizada hasta el cansancio en la literatura, en tv y en el cine y funciona igual para drama que para comedia. Las historias románticas, en su mayoría, comienzan con el momento memorable en que la posible pareja se conoce, ambos se enamoran y después, inevitablemente, las circunstancias los separan. Después sigue un periodo de sufrimiento, quizás un tercero, un cuarto y hasta un quinto en discordia antes de llegar al punto álgido en que los enamorados encuentran su camino de vuelta el uno al otro y viven felices para siempre.

Claro que hay autores que decidieron que un amor no realizado, el morir en los brazos del amante o alguna otra tragedia que separe a los enamorados para siempre son opciones mucho más románticas, intensas y apasionadas que un simple y satisfactorio final feliz. Quizás los amantes desafortunados más famosos de la literatura sean Romeo y Julieta y el trágico y absurdo desenlace de su amor no les resta popularidad entre los románticos empedernidos.

Para encontrar apasionantes historias de amor no tenemos que depender de la inspiración de un escritor o imaginarnos caballeros de brillantes armaduras. La vida real está repleta de historias de amores imposibles y frustrados, de hazañas cometidas en nombre del amor y de amantes que nadan contra corriente para defender su relación. Así siempre ha sido desde tiempos inmemoriales y así será siempre porque está en la naturaleza del ser humano.

Una de estas historias de la vida real es la del monje y pintor italiano Filippo Lippi quien se enamoró, ni más ni menos, que de una joven novicia del convento de Santa Margherita. Laurie Albanese y Laura Morowitz se dieron a la tarea de recopilar estos hechos que están bien documentados, estudiarlos y convertirlos en la novela romántica Los Milagros de Prato. Gran número de los personajes de este libro realmente existieron y otros tantos fueron creados con fines novelescos.

Las autoras hicieron un gran trabajo al recrear el siglo XV en la ciudad de Prato. Sus detalladas descripciones de la vida cotidiana logran situar al lector en el Renacimiento Italiano, desde la vestimenta hasta la comida y los hábitos de aseo personal. Los diálogos entre los personajes son un reflejo fiel de la mentalidad de la época, el modo en que la sociedad percibía a la Iglesia y viceversa. La resignación de las mujeres a una vida de limitaciones y el abuso de poder de los influyentes.

Esta historia parece tenerlo todo, un pintor que, a pesar de ser monje, no se priva de los placeres que encuentra con las mujeres , una joven e inocente novicia cuya belleza siempre ha atraído las miradas lascivas de los hombres, enemigos que quieren separarlos y aliados que arriesgan todo por ayudarlos. Todo esto enmarcado por los complejos problemas sociales, políticos y religiosos de una época de intolerancia y prejuicios.

Esta novela tenía todo para ser una gran historia pero desafortunadamente se quedó corta, por lo menos para los que buscábamos una historia romántica. Las autoras pasan más tiempo describiendo los santos y escenas religiosas que aparecían en los frescos del Filippo que la apasionada relación entre él y la novicia Lucrezia. Albanese y Morowitz parecen más preocupadas porque el lector sepa las horas y días correctos para los rezos dentro del convento y las numerosas celebraciones religiosas en Prato que por detallar el prohibido amorío.

Tal vez las autoras asumieron que un romance entre un monje y una novicia no necesitaba explicación y que aceptaríamos sin más el que Filippo, tras una vida de libertinaje decidiera de la noche a la mañana que arriesgaría sus ingresos como pintor y su reputación por una jovencita inexperta. De igual manera, Lucrezia, quien nunca se nos planteó poseyera ni una pizca de rebeldía accediera a "vivir en pecado" con el fraile sin importarle lo que dijeran de ella.

Hubiera sido más interesante que las autoras ahondaran en estos sentimientos y las circunstancias que llevaron a dos almas tan aparentemente diferentes a unirse y a desafiar los convencionalismos. Ya que inventaron personajes y situaciones tenían todas las oportunidades para hacer de esta una emocionante novela que entusiasmara al lector.

Confieso que a la mitad de Los Milagros de Prato ya ni siquiera me importaba si el amor entre los protagonistas triunfaba, era difícil apasionarse por ellos cuando no mostraban emociones. Si los verdaderos Filippo y Lucrezia hubieran sido como los que se describen en el libro no hubieran llegado ni a pasar una noche juntos. Me decepciona juzgar de esta manera al libro porque soy fan de las novelas románticas históricas pero esta simplemente no me convenció. El verdadero milagro fue leerla hasta el final.

La imagen utilizada es propiedad de la Editorial.
 

¡Es un pájaro! ¡Es un avión¡ ¡Es una súper franquicia!

 
Cuando se les pregunta a los hombres cuál superhéroe quisieran ser la mayoría contesta Batman o Superman. Comprendo el atractivo de Batman, es un excéntrico multimillonario que no necesita de arañas radiactivas, extrañas mutaciones o poderes del espacio exterior para salvar a la humanidad. Sus súper poderes son su inteligencia, valentía y habilidad para enfrentar todo tipo de situaciones. Superman puede volar y es prácticamente indestructible, cualidades altamente apreciadas pero a mí no termina de convencerme, quizás me haga falta un cromosoma para entender la obsesión por este superhéroe.

No quiero decir que no sea un buen personaje o que sus habilidades no sean admirables pero nunca he contado a Superman entre mis superhéroes favoritos. Siempre me ha parecido un santurrón cuya inmensa preocupación por mantener su calidad moral parece no dejar tiempo para divertirse un poco. Cualquiera pensaría que con un cuerpo tan resistente podría desvelarse un poco, que se le pasaran las copas de vez en cuando o salir con algunas de las muchas mujeres que lo asedian.

No puedo dejar de mencionar el hecho de que, por alguna razón inexplicable, con sólo engominar su cabello, utilizar lentes y portar un traje nadie se da cuenta que él es en realidad El hombre de acero. Todos sus compañeros de trabajo asumen que es un nerd, con un cuerpo envidiable, aun así un nerd, de personalidad acartonada tan inseguro que en ocasiones es incluso incómodo estar cerca de él.

Sé que Clark Kent exagera su condición humana para no despertar sospechas sobre su verdadera identidad y que intenta no socializar más de lo necesario para no poner en peligro a sus amistades pero hasta Batman se permite ciertas frivolidades de vez en cuando. Lo que encuentro desconcertante de este personaje es lo mismo que lo convierte en un admirado superhéroe norteamericano con altos ideales.
 
Superman no siempre fue el ejemplar de moralidad que conocemos hoy en día, en un principio era más agresivo y rudo, no medía su fuerza a la hora de castigar a los malos, los lanzaba con tal fuerza que lo más seguro era que los matara aunque esto no se mostraba de manera explícita en los cómics. Con la llegada de un nuevo editor también llegó un nuevo código de conducta obligatorio para los personajes y fue en ese momento que Superman cambió. El hombre de acero juró nunca tomar una vida humana y se apegó a un estricto código moral que lo caracteriza hasta hoy en día.
 
Este Superman caballeroso, de sonrisa amigable y tibios ataques a maleantes es el que popularizó Christopher Reeve en la exitosa franquicia de cuatro entregas de Superman. La primera se estrenó en 1978 y la última en 1987. En un intento por aprovechar el furor de Superman se contemplaron varias nuevas películas que por diversas razones no se hicieron. Desde financiamientos perdidos hasta tramas cuestionables, simplemente no era el momento de una nueva versión. Afortunadamente Tim Burton renunció muy a tiempo a uno de esos proyectos, ni siquiera su genialidad hubiera podido rescatar al personaje de Superman tras ser interpretado por Nicolas Cage.
 
El personaje no fue retomado en cine hasta 2006 con Superman Regresa. Su protagonista, Brandon Routh, guardaba gran parecido con Reeve y parecía tenerlo todo para encarnar al personaje pero carecía de carisma y tanto él como Kate Bosworth no lograron cautivar al público y la película no tuvo el éxito esperado. En un intento por salvar la franquicia se contactó al equipo responsable de los guiones para la trilogía de Batman para que escribieran la nueva historia de Superman.
 
El resultado fue El Hombre de Acero con Henry Cavill como Superman. En mi opinión, este Superman es el más poderoso de todos al lograr en 143 minutos lo que ni Brandon Routh ni Christopher Reeve lograron en las entregas pasadas: mostrar personalidad. Cavill humaniza al kriptoniano sin necesidad de comportarse como un ingenuo en su identidad como humano o como un robot con sonrisa permanente cuando porta mallas y capa. El utilizar a Amy Adams como Luisa Lane fue un gran acierto y la química entre ella y Cavill es innegable.
 
Michael Shannon es un villano memorable pero lo es aún más Antje Traue, su interpretación de Faora opaca al General Zod. Los efectos especiales y las asombrosas batallas logran que esta película complazca a todos los fans del género. Quizás las luchas cuerpo a cuerpo duran un poco más de lo que se esperaría y la destrucción que causan a su alrededor parece acercarse a la que vemos en las películas sobre el fin del mundo pero es ciencia ficción, se permite exagerar un poco y caer en unos cuantos absurdos para enriquecer la trama.
 
Russell Crowe logra una brillante interpretación de un kriptoniano que no muestra emociones, un papel hecho a su medida. Hay rumores sobre una posible precuela así que podríamos ver a Crowe nuevamente como Jor-El, padre de Superman. En resumen una súper película que muy pocos podrán criticar negativamente. Viendo el buen trabajo que hicieron con esta primera entrega sólo podemos especular favorablemente sobre la secuela en la que esperamos ver a un nuevo y mejorado Lex Luthor.
 
 
La imagen utilizada es el póster oficial de la película y es propiedad de la productora.
 

Igual que hace dos siglos

 
En más de una ocasión me han llamado feminista, no me importaría de no ser porque hay quienes utilizan esa palabra como un insulto. Dependiendo de quién venga y según la situación parece que es una manera elegante de decirle a una mujer que es una necia y que se ofende sin razón por las ventajas y beneficios que obtienen los hombres.

Me queda claro que no todos los hombres piensan así y sería hipócrita de mi parte generalizar ya que mis amistades más queridas y confiables pertenecen al género masculino. Es innegable que hemos avanzado mucho pero también parecemos en ocasiones ir de regreso al pasado, a una época de injusticias y represión.

No me considero feminista sino humanista y no me refiero al movimiento intelectual europeo del Renacimiento sino a la convicción de que todos somos iguales, que lo bueno y lo malo de las personas no depende de su género sino de su calidad como ser humano. Me ofendo igual con injusticias dirigidas a hombres y a mujeres y creo firmemente que los actos deben ser juzgados acorde a la naturaleza de los mismos y no al género del que los comete. Para bien o para mal.

Se habla mucho de la liberación femenina, la importancia de las mujeres en el mundo laboral y su presencia en puestos claves pero ¿por qué los hombres ganan más que las mujeres en los mismos puestos? Se calcula que hay una diferencia de 23% aunque algunos estudios indican que esto se debe a las horas extras de trabajo, que los hombres no tienen problema alguno para hacer viajes de negocios y trabajar a deshoras, por lo tanto se ganan ese ingreso superior. Asumiendo que esa es la verdadera razón de todas maneras seguiría existiendo una diferencia de 8.5%. La única industria en la que la mujer gana indiscutiblemente más que el hombre es en la pornografía.

Afortunadamente este desequilibrio en la balanza parece ir tendiendo a desaparecer aunque muy lentamente. Quizás este proceso podría apresurarse con un cambio de mentalidad, el abandono de prejuicios y el valor para apostar por mujeres que sólo necesitan una oportunidad. Eso resolvería el problema en el ámbito laboral pero ¿qué hay de la sociedad? En pleno siglo XXI sigue existiendo una doble moral en lo que al comportamiento de hombres y mujeres se refiere.

Si un hombre renuncia a su trabajo y viaja por todo el mundo es aventurero, si una mujer lo hace es irresponsable. Si un hombre elige no tener hijos es consciente pero si una mujer lo hace es egoísta. Si un hombre es agresivo en los negocios es admirable porque lucha por lo que quiere, si una mujer se comporta así entonces es tachada de amargada y abusiva, si un hombre se acuesta con muchas mujeres es un galán y su una mujer tiene muchos amantes es una mujerzuela.

Hemos avanzado tan lentamente como sociedad en este aspecto que una novela escrita en 1873 es tan vigente y creíble hoy en día como lo fue en su época. Me refiero a Anna Karenina, la obra del escritor ruso Leo Tolstoy en la que se narra la trágica historia de una mujer de sociedad que se enamora de un hombre que no es su esposo y lo duro que es juzgada por su amorío con él. Reconozco que no he leído la novela pero he visto varias adaptaciones a cine de ella.

La versión que protagonizan Sophie Marceau y Sean Bean es mi favorita pero decidí darle una oportunidad a la nueva adaptación estelarizada por Keira Knightley y Jude Law. Anna Karenina nos muestra la doble moral de la sociedad rusa al juzgar a Anna por su amorío pero no juzgan igual a su amante, el conde Vronsky, todos se mantienen cordial con él y esto le permite continuar con su vida social de manera inalterable. Todos compadecen al pobre esposo traicionado y se horrorizan ante la presencia de Anna quien es considerada una completa desgracia en la sociedad rusa.

La dura postura de sus amistades y conocidos es peor aún por el hecho de que el propio hermano de Anna había atravesado recientemente una situación similar y nadie lo juzgó cruelmente como a ella. Él traicionó a su esposa y nadie se atrevió a hablar mal de él, incluso la misma Anna habló con su cuñada para pedirle que perdonara la pequeña "indiscreción" de su marido y la dejara en el pasado.

Había escuchado que esta nueva versión sería un tanto peculiar por mostrar escenas sobre un escenario pero no tenía idea cómo lo manejaría su director, Joe Wright. La forma en que lo hizo resulta más incómoda que novedosa. El inicio del largometraje es lento y denso, el mostrar la escenografía, la iluminación y el cableado como parte "natural" del entorno puede ser un impedimento para la ambientación y situar al espectador en la Rusia del Siglo XIX.

Por momentos el director parece dejar de lado la idea del escenario pero no tarda en retomarla llegando incluso al extremo de seguir a los protagonistas tras bambalinas y entre los trabajadores para llevarnos a un nuevo escenario. Creo que como experimento es interesante pero hubiera preferido seguir la historia sin que se me recordara constantemente que yo era la espectadora y ellos los actores.

He tenido la fortuna de trabajar tras bambalinas y ser testigo de los cambios de escenografía y de vestuario. He visto a los actores meterse entre las piernas y correr por detrás del ciclorama para situarse del otro lado del escenario. Me he maravillado por la calma de una actriz al confiar completamente en los trabajadores que manejan la voladora y la elevan ante el asombro de los espectadores. Es una gran experiencia pero no una que quiera ver en cine, ahí quiero ver la magia sin ver cómo se hace.

La imagen utilizada es el póster oficial de la película y es propiedad de la productora.