viernes, 12 de julio de 2013

Milagrosamente prohibido


A la mayoría de las mujeres nos gustan las historias de amores imposibles, de complicaciones que separan a amantes condenados a luchar contra todos para estar juntos, de intrigas, conspiraciones y malentendidos que no hacen más que reavivar la pasión entre los protagonistas. Este placer culposo no se debe a que nos guste sufrir y deprimirnos porque dos personas no puedan estar juntas sino a que sabemos que el amor triunfará al final, podemos soportar todos los giros en la trama siempre y cuando sepamos que habrá un final feliz.

Esta simple pero efectiva fórmula ha sido utilizada hasta el cansancio en la literatura, en tv y en el cine y funciona igual para drama que para comedia. Las historias románticas, en su mayoría, comienzan con el momento memorable en que la posible pareja se conoce, ambos se enamoran y después, inevitablemente, las circunstancias los separan. Después sigue un periodo de sufrimiento, quizás un tercero, un cuarto y hasta un quinto en discordia antes de llegar al punto álgido en que los enamorados encuentran su camino de vuelta el uno al otro y viven felices para siempre.

Claro que hay autores que decidieron que un amor no realizado, el morir en los brazos del amante o alguna otra tragedia que separe a los enamorados para siempre son opciones mucho más románticas, intensas y apasionadas que un simple y satisfactorio final feliz. Quizás los amantes desafortunados más famosos de la literatura sean Romeo y Julieta y el trágico y absurdo desenlace de su amor no les resta popularidad entre los románticos empedernidos.

Para encontrar apasionantes historias de amor no tenemos que depender de la inspiración de un escritor o imaginarnos caballeros de brillantes armaduras. La vida real está repleta de historias de amores imposibles y frustrados, de hazañas cometidas en nombre del amor y de amantes que nadan contra corriente para defender su relación. Así siempre ha sido desde tiempos inmemoriales y así será siempre porque está en la naturaleza del ser humano.

Una de estas historias de la vida real es la del monje y pintor italiano Filippo Lippi quien se enamoró, ni más ni menos, que de una joven novicia del convento de Santa Margherita. Laurie Albanese y Laura Morowitz se dieron a la tarea de recopilar estos hechos que están bien documentados, estudiarlos y convertirlos en la novela romántica Los Milagros de Prato. Gran número de los personajes de este libro realmente existieron y otros tantos fueron creados con fines novelescos.

Las autoras hicieron un gran trabajo al recrear el siglo XV en la ciudad de Prato. Sus detalladas descripciones de la vida cotidiana logran situar al lector en el Renacimiento Italiano, desde la vestimenta hasta la comida y los hábitos de aseo personal. Los diálogos entre los personajes son un reflejo fiel de la mentalidad de la época, el modo en que la sociedad percibía a la Iglesia y viceversa. La resignación de las mujeres a una vida de limitaciones y el abuso de poder de los influyentes.

Esta historia parece tenerlo todo, un pintor que, a pesar de ser monje, no se priva de los placeres que encuentra con las mujeres , una joven e inocente novicia cuya belleza siempre ha atraído las miradas lascivas de los hombres, enemigos que quieren separarlos y aliados que arriesgan todo por ayudarlos. Todo esto enmarcado por los complejos problemas sociales, políticos y religiosos de una época de intolerancia y prejuicios.

Esta novela tenía todo para ser una gran historia pero desafortunadamente se quedó corta, por lo menos para los que buscábamos una historia romántica. Las autoras pasan más tiempo describiendo los santos y escenas religiosas que aparecían en los frescos del Filippo que la apasionada relación entre él y la novicia Lucrezia. Albanese y Morowitz parecen más preocupadas porque el lector sepa las horas y días correctos para los rezos dentro del convento y las numerosas celebraciones religiosas en Prato que por detallar el prohibido amorío.

Tal vez las autoras asumieron que un romance entre un monje y una novicia no necesitaba explicación y que aceptaríamos sin más el que Filippo, tras una vida de libertinaje decidiera de la noche a la mañana que arriesgaría sus ingresos como pintor y su reputación por una jovencita inexperta. De igual manera, Lucrezia, quien nunca se nos planteó poseyera ni una pizca de rebeldía accediera a "vivir en pecado" con el fraile sin importarle lo que dijeran de ella.

Hubiera sido más interesante que las autoras ahondaran en estos sentimientos y las circunstancias que llevaron a dos almas tan aparentemente diferentes a unirse y a desafiar los convencionalismos. Ya que inventaron personajes y situaciones tenían todas las oportunidades para hacer de esta una emocionante novela que entusiasmara al lector.

Confieso que a la mitad de Los Milagros de Prato ya ni siquiera me importaba si el amor entre los protagonistas triunfaba, era difícil apasionarse por ellos cuando no mostraban emociones. Si los verdaderos Filippo y Lucrezia hubieran sido como los que se describen en el libro no hubieran llegado ni a pasar una noche juntos. Me decepciona juzgar de esta manera al libro porque soy fan de las novelas románticas históricas pero esta simplemente no me convenció. El verdadero milagro fue leerla hasta el final.

La imagen utilizada es propiedad de la Editorial.
 

¡Es un pájaro! ¡Es un avión¡ ¡Es una súper franquicia!

 
Cuando se les pregunta a los hombres cuál superhéroe quisieran ser la mayoría contesta Batman o Superman. Comprendo el atractivo de Batman, es un excéntrico multimillonario que no necesita de arañas radiactivas, extrañas mutaciones o poderes del espacio exterior para salvar a la humanidad. Sus súper poderes son su inteligencia, valentía y habilidad para enfrentar todo tipo de situaciones. Superman puede volar y es prácticamente indestructible, cualidades altamente apreciadas pero a mí no termina de convencerme, quizás me haga falta un cromosoma para entender la obsesión por este superhéroe.

No quiero decir que no sea un buen personaje o que sus habilidades no sean admirables pero nunca he contado a Superman entre mis superhéroes favoritos. Siempre me ha parecido un santurrón cuya inmensa preocupación por mantener su calidad moral parece no dejar tiempo para divertirse un poco. Cualquiera pensaría que con un cuerpo tan resistente podría desvelarse un poco, que se le pasaran las copas de vez en cuando o salir con algunas de las muchas mujeres que lo asedian.

No puedo dejar de mencionar el hecho de que, por alguna razón inexplicable, con sólo engominar su cabello, utilizar lentes y portar un traje nadie se da cuenta que él es en realidad El hombre de acero. Todos sus compañeros de trabajo asumen que es un nerd, con un cuerpo envidiable, aun así un nerd, de personalidad acartonada tan inseguro que en ocasiones es incluso incómodo estar cerca de él.

Sé que Clark Kent exagera su condición humana para no despertar sospechas sobre su verdadera identidad y que intenta no socializar más de lo necesario para no poner en peligro a sus amistades pero hasta Batman se permite ciertas frivolidades de vez en cuando. Lo que encuentro desconcertante de este personaje es lo mismo que lo convierte en un admirado superhéroe norteamericano con altos ideales.
 
Superman no siempre fue el ejemplar de moralidad que conocemos hoy en día, en un principio era más agresivo y rudo, no medía su fuerza a la hora de castigar a los malos, los lanzaba con tal fuerza que lo más seguro era que los matara aunque esto no se mostraba de manera explícita en los cómics. Con la llegada de un nuevo editor también llegó un nuevo código de conducta obligatorio para los personajes y fue en ese momento que Superman cambió. El hombre de acero juró nunca tomar una vida humana y se apegó a un estricto código moral que lo caracteriza hasta hoy en día.
 
Este Superman caballeroso, de sonrisa amigable y tibios ataques a maleantes es el que popularizó Christopher Reeve en la exitosa franquicia de cuatro entregas de Superman. La primera se estrenó en 1978 y la última en 1987. En un intento por aprovechar el furor de Superman se contemplaron varias nuevas películas que por diversas razones no se hicieron. Desde financiamientos perdidos hasta tramas cuestionables, simplemente no era el momento de una nueva versión. Afortunadamente Tim Burton renunció muy a tiempo a uno de esos proyectos, ni siquiera su genialidad hubiera podido rescatar al personaje de Superman tras ser interpretado por Nicolas Cage.
 
El personaje no fue retomado en cine hasta 2006 con Superman Regresa. Su protagonista, Brandon Routh, guardaba gran parecido con Reeve y parecía tenerlo todo para encarnar al personaje pero carecía de carisma y tanto él como Kate Bosworth no lograron cautivar al público y la película no tuvo el éxito esperado. En un intento por salvar la franquicia se contactó al equipo responsable de los guiones para la trilogía de Batman para que escribieran la nueva historia de Superman.
 
El resultado fue El Hombre de Acero con Henry Cavill como Superman. En mi opinión, este Superman es el más poderoso de todos al lograr en 143 minutos lo que ni Brandon Routh ni Christopher Reeve lograron en las entregas pasadas: mostrar personalidad. Cavill humaniza al kriptoniano sin necesidad de comportarse como un ingenuo en su identidad como humano o como un robot con sonrisa permanente cuando porta mallas y capa. El utilizar a Amy Adams como Luisa Lane fue un gran acierto y la química entre ella y Cavill es innegable.
 
Michael Shannon es un villano memorable pero lo es aún más Antje Traue, su interpretación de Faora opaca al General Zod. Los efectos especiales y las asombrosas batallas logran que esta película complazca a todos los fans del género. Quizás las luchas cuerpo a cuerpo duran un poco más de lo que se esperaría y la destrucción que causan a su alrededor parece acercarse a la que vemos en las películas sobre el fin del mundo pero es ciencia ficción, se permite exagerar un poco y caer en unos cuantos absurdos para enriquecer la trama.
 
Russell Crowe logra una brillante interpretación de un kriptoniano que no muestra emociones, un papel hecho a su medida. Hay rumores sobre una posible precuela así que podríamos ver a Crowe nuevamente como Jor-El, padre de Superman. En resumen una súper película que muy pocos podrán criticar negativamente. Viendo el buen trabajo que hicieron con esta primera entrega sólo podemos especular favorablemente sobre la secuela en la que esperamos ver a un nuevo y mejorado Lex Luthor.
 
 
La imagen utilizada es el póster oficial de la película y es propiedad de la productora.
 

Igual que hace dos siglos

 
En más de una ocasión me han llamado feminista, no me importaría de no ser porque hay quienes utilizan esa palabra como un insulto. Dependiendo de quién venga y según la situación parece que es una manera elegante de decirle a una mujer que es una necia y que se ofende sin razón por las ventajas y beneficios que obtienen los hombres.

Me queda claro que no todos los hombres piensan así y sería hipócrita de mi parte generalizar ya que mis amistades más queridas y confiables pertenecen al género masculino. Es innegable que hemos avanzado mucho pero también parecemos en ocasiones ir de regreso al pasado, a una época de injusticias y represión.

No me considero feminista sino humanista y no me refiero al movimiento intelectual europeo del Renacimiento sino a la convicción de que todos somos iguales, que lo bueno y lo malo de las personas no depende de su género sino de su calidad como ser humano. Me ofendo igual con injusticias dirigidas a hombres y a mujeres y creo firmemente que los actos deben ser juzgados acorde a la naturaleza de los mismos y no al género del que los comete. Para bien o para mal.

Se habla mucho de la liberación femenina, la importancia de las mujeres en el mundo laboral y su presencia en puestos claves pero ¿por qué los hombres ganan más que las mujeres en los mismos puestos? Se calcula que hay una diferencia de 23% aunque algunos estudios indican que esto se debe a las horas extras de trabajo, que los hombres no tienen problema alguno para hacer viajes de negocios y trabajar a deshoras, por lo tanto se ganan ese ingreso superior. Asumiendo que esa es la verdadera razón de todas maneras seguiría existiendo una diferencia de 8.5%. La única industria en la que la mujer gana indiscutiblemente más que el hombre es en la pornografía.

Afortunadamente este desequilibrio en la balanza parece ir tendiendo a desaparecer aunque muy lentamente. Quizás este proceso podría apresurarse con un cambio de mentalidad, el abandono de prejuicios y el valor para apostar por mujeres que sólo necesitan una oportunidad. Eso resolvería el problema en el ámbito laboral pero ¿qué hay de la sociedad? En pleno siglo XXI sigue existiendo una doble moral en lo que al comportamiento de hombres y mujeres se refiere.

Si un hombre renuncia a su trabajo y viaja por todo el mundo es aventurero, si una mujer lo hace es irresponsable. Si un hombre elige no tener hijos es consciente pero si una mujer lo hace es egoísta. Si un hombre es agresivo en los negocios es admirable porque lucha por lo que quiere, si una mujer se comporta así entonces es tachada de amargada y abusiva, si un hombre se acuesta con muchas mujeres es un galán y su una mujer tiene muchos amantes es una mujerzuela.

Hemos avanzado tan lentamente como sociedad en este aspecto que una novela escrita en 1873 es tan vigente y creíble hoy en día como lo fue en su época. Me refiero a Anna Karenina, la obra del escritor ruso Leo Tolstoy en la que se narra la trágica historia de una mujer de sociedad que se enamora de un hombre que no es su esposo y lo duro que es juzgada por su amorío con él. Reconozco que no he leído la novela pero he visto varias adaptaciones a cine de ella.

La versión que protagonizan Sophie Marceau y Sean Bean es mi favorita pero decidí darle una oportunidad a la nueva adaptación estelarizada por Keira Knightley y Jude Law. Anna Karenina nos muestra la doble moral de la sociedad rusa al juzgar a Anna por su amorío pero no juzgan igual a su amante, el conde Vronsky, todos se mantienen cordial con él y esto le permite continuar con su vida social de manera inalterable. Todos compadecen al pobre esposo traicionado y se horrorizan ante la presencia de Anna quien es considerada una completa desgracia en la sociedad rusa.

La dura postura de sus amistades y conocidos es peor aún por el hecho de que el propio hermano de Anna había atravesado recientemente una situación similar y nadie lo juzgó cruelmente como a ella. Él traicionó a su esposa y nadie se atrevió a hablar mal de él, incluso la misma Anna habló con su cuñada para pedirle que perdonara la pequeña "indiscreción" de su marido y la dejara en el pasado.

Había escuchado que esta nueva versión sería un tanto peculiar por mostrar escenas sobre un escenario pero no tenía idea cómo lo manejaría su director, Joe Wright. La forma en que lo hizo resulta más incómoda que novedosa. El inicio del largometraje es lento y denso, el mostrar la escenografía, la iluminación y el cableado como parte "natural" del entorno puede ser un impedimento para la ambientación y situar al espectador en la Rusia del Siglo XIX.

Por momentos el director parece dejar de lado la idea del escenario pero no tarda en retomarla llegando incluso al extremo de seguir a los protagonistas tras bambalinas y entre los trabajadores para llevarnos a un nuevo escenario. Creo que como experimento es interesante pero hubiera preferido seguir la historia sin que se me recordara constantemente que yo era la espectadora y ellos los actores.

He tenido la fortuna de trabajar tras bambalinas y ser testigo de los cambios de escenografía y de vestuario. He visto a los actores meterse entre las piernas y correr por detrás del ciclorama para situarse del otro lado del escenario. Me he maravillado por la calma de una actriz al confiar completamente en los trabajadores que manejan la voladora y la elevan ante el asombro de los espectadores. Es una gran experiencia pero no una que quiera ver en cine, ahí quiero ver la magia sin ver cómo se hace.

La imagen utilizada es el póster oficial de la película y es propiedad de la productora.

jueves, 30 de mayo de 2013

Desencadenando a un personaje


Hace unos años, cuando visité el Museo Nacional de Historia y Cultura Africoamericana del Smithsonian en Washington, D.C. quedé impactada por la cruda realidad de la esclavitud. A pesar de haber leído sobre el tema con anterioridad y de haber visto innumerables películas, programas y documentales que trataban el tema no estaba preparada para lo que vi.
Todas y cada una de las piezas allí exhibidas deben tener, sin duda alguna, una trágica historia que sólo se puede esperar que ningún ser humano vuelva a vivir jamás. Desde ropas de niños hasta cadenas y jaulas de castigo, es repugnante ver lo bajo que puede caer el ser humano. Me impresionó cuando el guía explicó que los esclavos eran forzados al máximo de sus capacidades, tanto así que era común que los músculos erosionaran al hueso.
La injusticia cometida contra africanos y, en ocasiones amerindios, es uno más de los vergonzosos episodios de la humanidad a través de la historia. La reparación por la esclavitud me parece un insulto más al ultraje cometido ya que no hay nada que se pueda hacer para compensar por lo sucedido. El reconocer, proteger y promocionar los derechos humanos debiera haber existido desde siempre no plantearse a partir de atrocidades ya cometidas.
También me parece absurdo el que haya personas que exijan reparaciones económicas por la esclavitud. Ninguna cantidad de dinero podría reparar el daño, no se puede volver en el tiempo para regresar a todas esas personas lo que perdieron. No hay manera tampoco de cuantificar los daños en cifras exactas, la dignidad no tiene precio, la vida no tiene un valor monetario definido.
Las circunstancias extremas tienden a sacar lo mejor y lo peor de las personas y la esclavitud no fue la excepción. No todos los norteamericanos estaban ansiosos por adquirir esclavos, hubo quiénes se rehusaron a ser parte del sistema e incluso arriesgaron su posición social e incluso sus propias vidas por estar en contra de esta injusticia. De igual manera muchos esclavos supieron abrirse camino hasta convertirse ellos mismos en tratantes y ser parte del problema.
Django sin cadenas retrata la esclavitud en Texas en 1858. Esta película dirigida por el genial Quentin Tarantino causó controversia incluso antes de su estreno. Spike Lee, el director más conocido por sus opiniones políticas que por sus películas, tachó al largometraje de racista por utilizar excesivamente la palabra Nigger, utilizada hoy en día de manera peyorativa.
Tarantino aclaró que la palabra se utiliza para ser fiel a la época ya que así se expresaban en esos tiempos, su inclusión en el guión se debe al deseo de ser históricamente exacto. Los comentarios de Lee no afectaron a la película ya que tuvo gran éxito en taquilla y logró nominaciones y premios Oscar, Bafta y Globos de oro. No era para menos al contar con Jamie Foxx, Leonardo Dicaprio, Christoph Waltz, Kerry Washington y Samuel L. Jackson en su reparto.
La película comienza cuando el Dr. Schultz hace un trato con Django, un esclavo que es llevado a vender a otro pueblo. Schultz necesita de Django para localizar a unos forajidos y le promete su libertad si lo ayuda, éste accede pero le pide también asistirlo en la búsqueda de su esposa que fue vendida a un desconocido.
Es aquí donde, muy al estilo de Tarantino, los malos reciben su merecido de maneras creativas y los protagonistas se convierten en héroes improbables. Las brillantes actuaciones nos recuerdan en todo momento la seriedad del tema pero la ironía y el sarcasmo que caracteriza a las películas de Tarantino se mantiene de principio a fin.
Samuel L. Jackson, aunque con una intervención demasiado breve para mi gusto, logra que el espectador ame odiarlo desde que aparece en pantalla, su personaje añade el toque justo para tensionar aún más la historia. El maltrato al que eran sometidos los esclavos es fielmente representado pero, al tratarse de Tarantino, los victimarios terminan siendo víctimas de su ignorancia y reciben un justo y sangriento castigo.
Django no es sólo un hombre con sed de venganza listo para acabar con todos por la vida que ha llevado. Las circunstancias lo llevan a transformarse en una especie de vengador pero conforme avanza la película el personaje evoluciona valiéndose de su inteligencia al descubrir nuevas habilidades y dejarse guiar por su sentido de la justicia.
Django sin cadenas no compensa las atrocidades cometidas pero logra darnos la sensación de que quizás si existió alguien como él que se enfrentó al sistema y vengó algunas injusticias. Tarantino tomó un tema delicado y lo transformó en un brillante western que fácilmente podría convertirse en franquicia. Tarantino no ha dado una postura oficial al respecto pero dijo que “lo está considerando”. Esperemos que así sea ya que Django es demasiado personaje para una sola película.
La imagen utilizada es el póster oficial de la película y es propiedad de la productora.

Vlad vs. Drácula


Los vampiros son parte del folclor de las culturas de todo el mundo, en cada región se les llama de manera diferente y en ocasiones son muy distintos entre sí pero todos coinciden en el ansia de sangre y su condición sobrenatural. Hay testimonios muy antiguos sobre la existencia de estos seres y existen algunas menciones respecto a los actos sexuales que estos seres cometían con sus víctimas pero por decencia o pudor no se le dio tanta difusión a este aspecto de los supuestos vampiros en los casos registrados hace siglos.
Mucho de lo que se sabe sobre los vampiros hoy en día se debe a la obra de Bram Stoker: Drácula. Este escritor irlandés logró crear un fenómeno que trascendió a su época y sigue siendo referencia obligada sobre el tema. Stoker no fue el primero en escribir sobre vampiros pero sí el primero en crear un personaje memorable que logró aterrorizar y seducir al mismo tiempo.
Le Fanu ya había creado un ser maligno tan sensual como peligroso 25 años antes que Stoker pero su personaje, Carmilla, fue demasiado arriesgado para el siglo XIX y no logró gran popularidad. Se han hecho varias adaptaciones para cine de Carmilla pero no ha logrado despegar cómo se esperaría. Tal vez se deba en parte a que han sido producciones de bajo presupuesto, quizás los grandes estudios temen invertir en la idea de una vampira lesbiana.
Con tantos programas y películas sobre vampiros se esperaría que algún personaje o historia hubiera destacado tanto como para hacer competencia a Drácula pero este enigmático ser es demasiado fuerte como para ser destronado por franquicias para adolescentes o series de televisión cuyas tramas parecen estar cayendo en el absurdo. El trono de Drácula como rey de los vampiros está a salvo pero ¿qué es lo que lo hace tan fascinante?
Hay quienes alegan que se debe a que Stoker se basó en un hombre real, Vlad Dracul, un hombre tan cruel que era imposible no estremecerse ante sus acciones. Esa sería una buena respuesta de no ser porque Stoker sabía muy poco acerca de la vida de Vlad Tepes (el empalador). Los expertos en el tema coinciden en que Stoker escuchó sobre la mala fama del príncipe de Valaquia y le gustó la idea de que el nombre familiar, Dracul, significara dragón, por lo tanto Vlad Dracula significaba literalmente, Vlad, hijo del dragón y consideró que sería un toque apropiado para su personaje.
Es innegable que Stoker creó un gran personaje pero si hubiera investigado sobre la vida de Vlad se hubiera encontrado con que la realidad era aún más escalofriante que los horrores que describiría en su novela. Los excesos de Vlad, su fascinación por empalar hombres y los creativos métodos que utilizaba para que se respetara la ley parecerían brutales y malévolos pero lo que para nosotros resulta impensable, para los habitantes de Valaquia fue suficiente para considerarlo un héroe nacional.
Ya había leído con anterioridad sobre la vida de Vlad Tepes pero nunca tan detallada como en Vlad, La última confesión del Conde Drácula, por C.C. Humphries. En este libro vemos el lado humano de Vlad a través de los ojos de las tres personas más cercanas a él: su amante, su mejor amigo y su confesor. La extensa investigación que el autor realizó para esta obra es evidente página tras página al detallar las condiciones en que Vlad vivió.
El relato de su vida comienza cuando Vlad y su hermano son entregados a los turcos por su propio padre como rehenes en señal de sumisión al sultán. Los horrores de su infancia lo marcaron para toda la vida pero la constante presión bajo la cual vivía, la enorme responsabilidad que debió asumir a temprana edad y la difícil situación de la época hubieran sido más que suficiente para traumar a cualquiera sin importar que su infancia hubiera sido feliz o no.
Humphries nos muestra a un hombre real, comprendemos el enorme cariño que su amigo tenía por él, por qué su amante estaba perdidamente enamorada de él y que su confesor lo escuchar con intenciones de absolverlo. Sus métodos fueron sin duda crueles pero efectivos, logró defender a Valaquia e imponer el orden, tanto así que los pobladores no se atrevían siquiera a cometer adulterio por tratarse de una falta que les ganaría el morir empalados.
En Vlad, se detallan las circunstancias que lo llevaron a cometer tantas atrocidades y el autor no olvida incluir los momentos más famosos de la vida de este conde, como la vez que un hombre se rehusó a quitarse el sombrero en su presencia y Vlad se lo fijó al cráneo con clavos o la ocasión en que otro pobre desdichado se quejó de la pestilencia por tantos hombres empalados y Tepes ordenó que lo empalaran más alto que al resto de las víctimas para que no tuviera que soportar el hedor.
Este libro tiene vívidas descripciones que pueden resultar crudas para el lector sensible pero es sin duda alguna una lectura amena, bien documentada y que muestra al verdadero Hijo del Dragón ¿héroe o tirano? Seguramente dependía de si se estaba de su lado o no. Lo cierto es si Stoker hubiera hecho una buena investigación sobre el conde su libro hubiera tenido un final muy diferente. Vlad Tepes jamás hubiera sido derrotado por Van Helsing, Jonathan Harker y Mina, era demasiado inteligente y aguerrido. Lo más seguro es que todos hubieran terminado empalados y Vlad hubiera regresado a Valaquia donde sus logros son recordados con orgullo y no con horror.
La imagen utilizada es propiedad de la Editorial.

viernes, 24 de mayo de 2013

¿Qué voy a hacer con las dos horas que perdí?


Todas las relaciones tienen sus problemas, ya sea que estemos hablando de familiares, amigos, compañeros de trabajo o parejas. Por lo general se debe trabajar para resolver los conflictos y llegar a ciertos acuerdos para rescatar la relación si es que vale la pena ser salvada pero si la dinámica entre dos personas se deteriora al punto en que se convierte en una relación tóxica lo mejor es cortar por lo sano.
Hoy en día hay terapias para todo tipo de relaciones y aunque siempre he creído que todos nos podríamos beneficiar de unos cuantos consejos de los supuestos expertos el consultarlos no es garantía de que los problemas desaparecerán. En ocasiones se logran acuerdos y en otras parece que simplemente a las partes involucradas deja de importarles qué tan dañada está la relación y se resignan a vivir de esa manera, lo aceptan como si fuera un destino del cual no pueden escapar.
Conozco a muchas parejas que funcionan de esa manera. Incluso parece que ni siquiera se agradan entre ellos, todo parece terminar en discusión y caminan por las calles con una cara que parece decir “¡Quisiera estar muerto!” Cada integrante de la pareja se queja por su lado con familiares y amigos sobre los defectos de su media naranja y aseguran que su infelicidad es culpa de la otra personas.
Uno de los mejores consejos que me han dado es nunca quejarme con familia y amigos de todas aquellas idiosincrasias de mi pareja que pueden llegar a desquiciarme o los pequeños pleitos que inevitablemente surgen porque, más tarde cuando ni siquiera recuerde por qué me molesté y mi pareja y yo estemos tan contentos como siempre, mis seres queridos, a los que importuné con mis comentarios, aquellos con los que me desahogué de mi infortunio ya no verán con los mismos ojos al hombre que está a mi lado.
Ese es uno de los mayores errores que las personas cometen, si se encuentran en una relación que vale la pena y se espera que continúe el mayor tiempo posible, lo mejor es no ventilar todas las intimidades con conocidos y dirigirse al terapeuta más recomendado que podamos encontrar.
¿Qué voy a hacer con mi marido? Es una película protagonizada por Meryl Streep y Tommy Lee Jones que nos muestra el deterioro de la relación de una pareja tras un matrimonio de 30 años. La premisa de la película era buena y los actores principales garantizan una buena actuación. La película, basándome en los cortos y la intervención de Steve Carell como un terapeuta familiar, me pareció que sería una divertida comedia con un poco de drama.
Lo que en realidad vi fue bastante decepcionante, más bien se trataba de un lento y deprimente drama con un par de escenas medianamente cómicas. Al principio de la película nos muestran a un matrimonio que ha caído en una aburrida rutina, todos los días son iguales y aunque la esposa parece en algún momento despertar de su letargo y darse cuenta de la situación tarda un buen tiempo en intentar hablar con su esposo para arreglar la relación.
Cuando finalmente decide hacer algo al respecto arrastra a su marido a una terapia de una semana con el experto en relaciones, Dr. Feld, interpretado por Carell. Los guionistas tenían la oportunidad perfecta para crear divertidas situaciones basadas en los ejercicios que el doctor les dejaba diariamente para reconstruir su relación pero fueron desaprovechados. Por momentos parece que Tommy Lee Jones quiere aportar el toque cómico pero los diálogos de la película simplemente lo frenan.
Las sesiones del matrimonio poco a poco dejan entrever problemas mucho más serios de los que nos mostraron al principio y la empatía que se esperaría que el público debiera tener con los personajes no se da. Incluso llega un momento en la película en que hasta los espectadores nos damos por vencidos con el aburrido matrimonio y estamos convencidos de que lo mejor es que se divorcien y que termine la película.
Es una lástima que se haya desperdiciado el talento de dos de los mejores actores en Hollywood. Resulta absurdo que sus habilidades se hayan visto incluso limitadas con un guión tan superficial que no logra adentrarse en los verdaderos problemas de la pareja. Me cuesta trabajo creer que estos actores hayan aceptado participar en la película después de leer el guión.
Quizás esté equivocada, tal vez los problemas de pareja se pueden arreglar de un momento a otro sin necesidad de platicarlos o trabajar en ellos. Lo único que se necesita es una semana de pláticas con un doctor sin personalidad y llorar en silencio hasta que la pareja haga exactamente lo que esperamos de ella. Eso es lo que esta película muestra y espero que ninguna persona con problemas maritales la tome en serio.
La imagen utilizada es el póster oficial de la película y es propiedad de la productora.

El lado humano de un súper héroe


Desde niña he sido fan de los súper héroes, unos me gustaban más que otros pero me encantaba seguir sus aventuras en cómics y caricaturas por televisión. Recuerdo que uno de los súper héroes que menos encontraba atractivo era Iron Man. Me gustaba su traje y la manera en que volaba y atacaba a los malos pero toda la cuestión militar, la seriedad de Tony Stark y sus problemas cardiacos no me resultaban entretenidos.
Cuando me enteré que estaban por filmar una película sobre Iron Man y que Robert Downey Jr. era el elegido para representar a Tony Stark no estaba muy emocionada. No sólo porque me parecía difícil igualar el éxito de las películas de Spider-Man, mi súper héroe favorito, sino porque Downey era un actor más conocido por su pasado turbulento que por la calidad de sus películas.
Iron Man es parte de la exitosa franquicia de The Avengers que incluye a Thor, Capitán América y The Hulk, cada entrega ha sido éxito de taquilla y me cuento entre sus fieles seguidores. La película The Avengers es, en mi opinión, una de las mejores películas de acción de todos los tiempos y me atrevería a decir que la mejor en el género de Súper Héroes.
Con sólo ver los cortos de Iron Man supe que esa película nos cerraría la boca a todos los detractores de Downey y que este súper héroe ganaría millones de seguidores. Downey logró lo impensable con Tony Stark, lo convirtió en un hombre interesante, atractivo y emocionante. Stark resultó tan impresionante como su alter ego y después de la primera película los hombres fantaseaban con llevar la vida de Stark y las mujeres con llevárselo a la cama.
La segunda entrega de Iron Man no decepcionó y Mickey Rourke, en su papel de Ivan Vanko, fue de lo mejor de esta secuela. Con estos antecedentes y después de The Avengers estaba más que lista para ver por tercera ocasión a Tony portar el traje metálico y acabar con nuevos villanos. Estaba convencida de que nada podía salir mal pero me equivoqué.
Reconozco que esta mega producción está bien escrita y que tiene suficiente acción para satisfacer la sed de pelea de los espectadores pero no tiene el encanto de sus predecesoras. En Iron Man 3 vemos a un Tony Stark que lucha con el trastorno de estrés postraumático provocado por la intensa experiencia que vivió en The Avengers. Este aspecto de Stark puede resultar interesante pero no parece recomendable para ser el tema central de una película dirigida a un público que espera ver derroche de adrenalina en pantalla.
Asumo que en esta película se nos quiso mostrar el lado humano de Stark y evidenciar que lo que lo hace súper héroe no son sus trajes y sofisticadas armas sino sus valores y cualidades. Todo eso está bien pero si voy al cine a ver a un súper héroe espero ver peleas, disparos, trajes vistosos y acción constante no a un hombre que lidia con problemas como estrés e inseguridad.
Se dice que uno de los peores, y más desesperados, recursos de los escritores de cine y televisión es la inclusión de niños que se vuelven una especie de compañero improbable del protagonista y, desgraciadamente, eso fue lo que sucedió en esta película. Aunque se intentó darle un toque humorístico a la relación entre Stark y Harley, el niño que comparte tiernos e irritantes momentos con nuestro héroe en pantalla, resulta increíble que un genio multimillonario, dueño de una empresa multinacional y con miles de empleados a su disposición necesite la ayuda de un niño inseguro al que molestan en la escuela.
Tampoco ayuda mucho a la película el que le dieran más escenas de acción a Pepper, interpretada por Gwyneth Paltrow, a quien la revista People convenientemente nombró “La mujer más bella del mundo” en la semana del estreno de la película. Esta actriz, aunque es guapa, difícilmente es la más bella, se me ocurren cientos de actrices mucho más bonitas y con mejor personalidad. La insípida actitud de Paltrow se refleja en Pepper y resulta desconcertante el que un hombre como Stark esté tan enamorado de ella.
Quizás estoy siendo demasiado dura con esta película pero no podía esperar menos que la excelencia en una entrega de esta franquicia que nos tiene acostumbrados a salir del cine deseosos de ver la película nuevamente por lo buena que estuvo. Por eso creo que mis críticas están justificadas pero también comprendo que una mala entrega no significa que las siguientes serán iguales. A pesar de todo no me arrepiento de haberla visto y estoy segura que habrá quiénes la encontrarán emocionante y emotiva por los valores que promueve. Mi lealtad hacia la franquicia está intacta y en cuanto salga la secuela de Thor ahí estaré lista con mis palomitas y mi refresco.
La imagen utilizada es el póster oficial de la película y es propiedad de la productora.